Por Rubén Cortés

La Cuarta Transformación se cargará a la economía mexicana. No mañana ni pasado. Tampoco de golpe: ni por el fin del NAIM, la subida de las tasas de interés antier, o el hundimiento de las acciones de los bancos ayer.

No: hay que meter la pata muy seguido para cargarse una economía como la que le deja el actual gobierno al entrante: ¡Una economía de 1.1 billón de dólares anuales! ¡La duodécima economía del mundo! ¡Una economía que exporta más que todas las de América Latina juntas!

Sin embargo… la Cuarta Transformación se la va a cargar. Los avisos tienen la misma intermitencia que las luces estacionarias de un coche detenido frente a una pizzería. Ayer, por ejemplo, fue un Jueves Negro para la bolsa mexicana. Cayó 5.8 por ciento: su peor caída desde 2011.

Un Jueves Negro que provocó el hundimiento de las acciones bancarias y el dólar repuntó de un tirón 30 centavos para encaramarse en 20.45 pesos, debido al temor de los bancos a no poder cobrar comisiones por retiro y consulta de saldo, como pretende Morena.

¿No poder cobrar comisiones por retiro y consulta de saldo? Sí: los bancos se aterraron ayer después de que Morena se los quiso impedir, al presentar en el Senado dos iniciativas de Ley para la Transparencia y Ordenamiento de los Servicios Financieros y de Instituciones de Crédito.

Y la Bolsa se fue a pique a un nivel tan bajo que Ricardo Monreal, el jefe de la bancada de Morena, tuvo que salir a intentar modular la crisis. Pero ni el político transversal del partido ganador de las elecciones, con sus mejores dotes de persuasión, pudo tranquilizar a los mercados.

Así que, cerca de las nueve de la noche, la tormenta provocó inquietud en la oficina del Presidente electo, quien convocó a una reunión a Monreal y a su equipo económico. Después, dio la cara su nombrado secretario de Hacienda.

Carlos Urzúa le aclaró a los mercados que, a partir de este momento, todas las iniciativas legislativas de carácter fiscal y financiero serán sometidas a examen de expertos, para evaluar el impacto que podrían causar a nivel macroeconómico.

Muy bien, sólo que “los mercados” no son un ente tangible: son monstruos de mil cabezas. No puedes agarrar el teléfono y llamar a Wall Street y decirle “oye, Wall Street, te prometo…”. O comunicarte con “los bancos” y decirles “oye, bancos, te quiero explicar que…”.

Lo explica mejor Carlos Mota: “Los mercados son globales, impersonales, amorales, indeterminados en forma y agnósticos en la acción”.

Aunque el presidente electo ya lo anunció: “México no puede estar supeditado a mercados financieros”.

¿Entonces?

Pues se va a cargar una economía de 1.1 billón de dólares anuales.