Por Pablo Hiriart

La incorporación de los empresarios Ricardo Salinas Pliego, Carlos Hank González, Olegario Vázquez Aldir, Miguel Alemán Magnani, Bernardo Gómez, Miguel Rincón y Daniel Chávez como asesores del próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador, debe leerse como un intento por rescatar la confianza en su gobierno.

Debe verse así en el caso de que sean nombramientos de buena fe, para enmendar el camino, y no para perseverar en los errores.

Es mucho lo que se juegan estos empresarios al aceptar formar parte del gobierno, en calidad de integrantes de un Consejo Asesor del Presidente, como los presentó López Obrador.

Su prestigio está de por medio.

Si en verdad los van a escuchar y se va a retornar a la sensatez en las medidas económicas del próximo gobernante, el país se los va a agradecer porque se habrán jugado su buen nombre en beneficio de México.

Pero si se van a prestar para crear una imagen de falso liberalismo económico en un gobierno estatista, autoritario y de ocurrencias, a cambio de contratos, van a perder la respetabilidad que tienen.

Y también habrán contribuido a perder su dinero.

No hay motivos para dudar de su buena fe al aceptar integrarse al gobierno de AMLO como sus asesores, pero el quid de su utilidad para México va a ser que en verdad los escuche el presidente.

Tampoco se pide que les hagan caso en todo y que López Obrador abdique de su facultad, ganada democráticamente, de gobernar.

Sin embargo, para que ese Consejo Asesor en realidad sirva y no sea un simple florero en el Palacio de Miraflores, debe evitar que se cometan disparates a la hora de gobernar.

Por decisiones equivocadas del próximo gobierno se perdieron en fierros y en valores accionarios más de 830 mil millones de pesos.

Y lo que es peor, se debilitó la confianza en el Jefe de la Oficina de la Presidencia, en el secretario de Hacienda y en el próximo presidente de la República.

El panorama de la confianza es desalentador, pues sin ella no se puede construir nada.

Tenemos una economía fuerte, reservas abundantes y un Tratado de Libre Comercio renegociado satisfactoriamente. Pero nada de eso es suficiente para evitar una crisis si los mercados le pierden la confianza al país.

Ayer mismo, el Banco de México subió un cuarto de punto las tasas de referencia y advirtió de “incertidumbre” sobre la economía y las políticas públicas del país.

Mencionó los errores que fueron la cancelación del aeropuerto en Texcoco, la desafortunada iniciativa para quitar las comisiones a los bancos (61 por ciento de sus ganancias) sin dialogar con nadie, más otros elementos que gravitan negativamente sobre el país.

Esos elementos son las sombras de una posible demolición de instituciones como la Comisión Reguladora de Energía, la Comisión Nacional de Hidrocarburos, el Banco de México, el INE, y en otro plano –pero no menos importante–, la desnaturalización de organismos de cultura, al convertir el FCE en una maquiladora y turbina de propaganda del nuevo gobierno y su partido.

Esa desconfianza es la que busca revertir la designación de los destacados empresarios como integrantes del Consejo Asesor.

La clave para saber las intenciones del próximo gobierno con ese Consejo está en si habrá reversa en algunas de sus políticas públicas equivocadas.

¿Va a volver la sensatez y recuperaremos lo invertido en Texcoco para construir ahí un aeropuerto de talla mundial, que se paga solo, dejará ganancias al gobierno, empleo a gente de carne hueso y desarrollo a ese maltrecho sector del Valle de México?

¿Se corregirá la plana en Pemex y nos abstendremos de construir una refinería que va a costar diez mil millones de dólares y rendirá escasos frutos dentro de varios años?

¿Vamos a archivar el proyecto irracional de no vender petróleo al exterior?

¿Se va enmendar la decisión absurda de renunciar al fracking, ahora que necesitamos aumentar la plataforma de producción petrolera y dependemos cada vez más del gas importado?

¿Van a recapacitar y realizar en febrero las siguientes rondas de adjudicación de bloques petroleros, en el marco de la reforma energética, para que lleguen al país más de 200 mil millones de dólares en inversión?

Obras son amores, y no buenas razones.

En los hechos veremos para qué sirve el Consejo Asesor del presidente.

Si van a ser escuchados para evitar daños a la economía de todos, los empresarios que lo integran tendrán el reconocimiento de la nación.

Pero si los van a usar como un camuflaje de la restauración estatista y populista, entonces nos va a ir muy mal.

Confiemos en que sea lo primero.