Educarnos para ser buenos ciudadanos

El intelectual regiomontano don Alfonso Reyes Ochoa (1889-1959) nos heredó una vasta obra literaria que incluye ensayo, poesía y narrativa, fue además un destacado diplomático y maestro. El año de 1944 el Secretario de Educación, Jaime Torres Bodet, le solicitó la redacción de un ensayo breve donde se les brindaran a los jóvenes y adultos mexicanos recién alfabetizados nociones básicas de moral, civismo, higiene y urbanidad.

A este trabajo se le tituló “Cartilla Moral” y podemos distinguir un afán claro por introducir a los nuevos lectores en temas de cultura general, buenas costumbres, apego a la ética y a la observancia de los valores humanistas como el respeto, la tolerancia y el rechazo a la violencia.

Estas lecciones incluidas en la “Cartilla Moral” no pierden vigencia, podemos seleccionar algunos fragmentos relevantes:

-El hombre (en sentido genérico) debe educarse para el bien.

-Para dar de beber al sediento basta tener buen corazón, ¡y agua!

-El adagio clásico: “Alma sana en cuerpo sano” nos impulsa a lograr un equilibrio entre la inteligencia y las fuerzas corporales.

-La voluntad moral trabaja por humanizar más y más al hombre, levantándolo sobre la bestia, como un escultor que tallando el bloque de piedra va poco a poco sacando de él una estatua.

-El solo hecho de obrar bien nos permite ser más felices dentro de la sociedad en que vivimos.

-La capacidad de alegría es una fuente del bien moral. Lo único que debemos vedarnos es el desperdicio, la bajeza y la suciedad.

-La limpieza de cuerpo y alma no ha de procurarse por cálculo y para quedar bien con los demás, sino desinteresadamente y para nuestra solitaria satisfacción moral.

-La familia es un hecho natural y puede decirse que, como grupo perdurable, es característico de la especie humana.

-El hogar es la primera escuela. Si los padres, que son nuestros primeros y nuestros constantes maestros, se portan indignamente a nuestros ojos, faltan a su deber, pues nos dan malos ejemplos, lejos de educarnos como les corresponde. De modo que el respeto del hijo al padre no cumple su fin educador cuando no se completa con el respeto del padre al hijo. Lo mismo pasa entre hermanos mayores y menores. La familia es una escuela de mutuo perfeccionamiento.

-El problema de la política es lograr que esta convivencia sea lo más justa y feliz, tanto dentro de cada nación como entre unas y otras naciones.

-El primer grado o categoría del respeto social nos obliga a la urbanidad y a la cortesía. Nos aconseja el buen trato, las maneras agradables, el sujetar dentro de nosotros los impulsos hacia la grosería, el no usar del tono violento y amenazador sino en último extremo, el recordar que hay igual o mayor bravura en dominarse a sí mismo que en asustar o agraviar al prójimo, el desconfiar siempre de nuestros movimientos de cólera, dando tiempo a que se remansen las aguas.

-El progreso moral de la humanidad será mayor cuanto mayor sea la armonía entre todos los pueblos. La paz es el sumo ideal moral. Pero la paz como la democracia solo puede dar todos sus frutos donde todos la respetan y aman.

Archivo Histórico del Municipio de Mexicali. IMACUM.