Por Eduardo Navarro González

Hablar de jóvenes es hablar de la historia de todos en el pasado, presente y futuro; la humanidad invariablemente y en momentos de juventud tuvo experiencias únicas, irrepetibles y por ello constructoras de lo que somos y lo que seremos antes de que otra generación llegue y supere a la anterior…

Recordemos, por ejemplo, la brillantez de algunos jóvenes como Albert Einstein que con tan solo 26 años de edad desarrolló la teoría de la relatividad o Louis Braille a sus 15 años de edad inventó el sistema de lectura y escritura Braille para invidentes…

Hay más, infinidad de ilustres personalidades que en su edad joven se distinguieron y que pasan a la historia no solo por dignificar y darle valor agregado a prácticas que enaltecen el quehacer humano, sino algunas también de triste memoria por sus actos, tan terribles como indeseables…

En fin, de todo hay en la casa del Señor, pero ahora la juventud no es la misma, es “atrabancada” y fortalecida en sus creencias y costumbres con el uso de las “redes” que –literal– la empodera a niveles insospechables como el caso de Greta Thunberg, la escolar de 16 años de edad de origen sueco que ha promovido un movimiento en Europa que ha permeado en decenas de miles para luchar contra el calentamiento del mundo.

México, en este caso, cuenta con una población mayoritariamente joven con un promedio de edad de 27 años y con características de creatividad y entusiasmo que se distinguen y por ahí en los planes y acciones sociales para el desarrollo de la población joven –se opina– hay “fisuras” en las estrategias  para su aprovechamiento y capitalización porque por decenas de miles se cuentan las y los que se alinean en las filas de lo ilícito con alto riesgo de acabar con su joven vida.

En ese orden de ideas, hay que tomar en consideración una nota reciente en el sentido de que en delitos donde las víctimas son mujeres, Baja California ocupa el primer lugar nacional en corrupción de menores de acuerdo a datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública.

Preocupante pero concediendo el beneficio de la duda a esta medición gubernamental federal, es importante que la sociedad, los padres de familia particularmente, no aparezcan activos y sensitivos a esta realidad social para ser más vigilantes del quehacer de sus hijos y contribuir así en reducir a su mínima expresión riesgos de diversa naturaleza.

Imagínese qué importante sería que la sociedad a través de sus organizaciones emprendan ejercicios masivos para darles oportunidad a estos jóvenes para desarrollar sus habilidades y liderazgos como ocurre en otras partes del mundo sin subestimar, por supuesto, lo que aquí y en otras partes de México se hace a favor de la juventud.

Pero el hubiera no existe…los hechos y resultados son los que cuentan, de manera que en la intimidad de casa haga su propia reflexión y deduzca, como padre de familia, si sus hijos menores de edad y/o en edad adulta joven tienen el entendimiento, la oportunidad y el apoyo necesarios de familia para ser protagonistas de su propio destino ante los menores riesgos posibles.

Haga una prueba, consulte a esas mentes jóvenes de sus inquietudes y con diálogo franco quizá, tan solo quizá, halle formas para contribuir en la realización de tantos jóvenes para que sean orgullo y satisfacción de la familia y sociedad en la que se desenvuelven por muy modesto que sea su oficio o profesión. Lo importante es que se encaucen por luchas y esfuerzos legítimos como lícitos. ¿O no?