Por Eduardo Navarro González

Aprovechándose de sus debilidades, las corrientes migratorias en todo el mundo suelen utilizarse para “apalancar” carreras políticas de no pocas personas incrustadas en el poder público, la gran mayoría con tufo dictatorial…

Ahí está Trump que llegó al poder estadounidense enquistándose en una insidiosa como lépera campaña contra migrantes –principalmente mexicanos—y que ha derivado en derramamiento de sangre, abusos y xenofobia de pronóstico reservado…peor aún, provocando odios contra natura de dos pueblos como los de EU y México que han querido, pero no han podido, ser hermanos de verdad a causa, precisamente, de trivialidades políticas sin utilidad humana…

También se distingue en el menosprecio de “su” gente el imperio que en Venezuela ha forjado por la vía violenta Nicolás Maduro que dice entenderse con pajaritos que, según su paranoia, encarnan el espíritu del tristemente recordado Hugo Chàvez y también están aquellos que en todos los continentes protagonizan genocidios de migrantes ante una ONU estéril desde su creación empezando por su permisividad al Muro de Berlín, finalmente destruido por un pueblo alemán harto de injusticias y de sobrevivir a una libertad condicionada.

Así pues y a grandes rasgos podemos desenvolver casos y cosas que permiten escudriñar cómo las corrientes migratorias siguen siendo utilizadas como carne de cañón y agobiadas por los más perversos instintos del depredador más peligroso del planeta: la raza humana.

Sin embargo y al menos de lo que he vivido y observado en Baja California, la situación de las corrientes migratorias –històricamente– va de menos a más en calidad de vida; aquí no hay persecución sino asilo y cobijo; aquí no hay pesadillas sino sueños hechos realidad para formar un nuevo hogar aún lejos de los cercanos y la tierra donde nacimos; aquí no hay odios sino calidez y pertinencia para atender necesidades apremiantes de migrantes que por lo regular e hipotéticamente hablando llegan sin “torta bajo el brazo”…

Aquí la sociedad y las autoridades locales que atienden a los migrantes reciben mucho menos de lo que en comparación da el gobierno federal a entidades expulsoras y no obstante ello aquí los desposeídos o los desempleados encuentran oportunidades para salir adelante con su voluntad y esfuerzo y, sobretodo, con dignidad y orgullo, respetándose a sí mismos y a los demás, asimilando lo que gobernados y gobernantes les concedemos de manera altruista y cuenten con servicios públicos elementales, salud, educación y hasta unión con alguien de origen, cultura y lengua distinta…

Y eso no lo da la ONU ni los gobiernos que provocan estas caravanas migratorias que huyen de la violencia, el despojo y el hambre y que, desafortunadamente, en muchos casos el viacrucis lleva a su muerte ya sea por negligencia propia al tratar con traficantes de personas o caer en manos de quienes le ponen precio a sus cabezas.

Aquí en Baja California los migrantes son bienvenidos porque la mayoría somos eso; sabemos cómo fortalecernos como lo saben nuestras autoridades LOCALES que, ciertamente, dan ejemplo de gobernar con el corazón al privilegiar la asistencia de los más frágiles con los recursos disponibles y eso sí que cuenta y mucho en la historia de la humanidad. Así es que…¿con quién hay que solidarizarnos para procurarles vida digna a los migrantes?…Usted tiene la palabra.