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El cambio ante lo extraordinario…


Por Eduardo Navarro González

En la mayoría de los casos de desastre causados por la naturaleza, accidente o error humano el pueblo mexicano ha demostrado solidaridad sin límites. Lo vimos en 1985 en el DF y 32 años después igual; también en el 2010 en Mexicali y así, en la historia, por explosiones, inundaciones, accidentes, etc., los mexicanos desenvolvemos un espíritu de lucha y cálido reencuentro con nuestros iguales para ayudar y salvar vidas hasta que el cuerpo aguante...

Es, a final de cuentas, una lucha sobrehumana contra la tragedia. La protagonizan ciudadanos y autoridades que, como en el caso de Baja California, la distancia no nos impide materializar apoyos y con ello ser parte de la solidaridad mexicana que nunca se dobla y tampoco se rompe.

Y en esa mística hay que seguir, multiplicando apoyos en especie o en depósitos bancarios que se suman a reconfortantes como sorprendentes donaciones de famosos y empresas extranjeras que están más cerca de los nuestros en desgracia que algunos célebres mexicanos que no se ven…ni se sienten….en fin.

Es tiempo entonces de hacer llegar los apoyos a quienes se debe…a nadie más, luego censar zonas afectadas para deducir donde construir o reconstruir y no dejar en la indefensión  a quienes perdieron familia, hogar, negocio o trabajo…y que serán por varios miles.

Y también es oportunidad de reflexionar en la necesaria reconciliación entre todos: gobernados y gobernantes, cada quien en su espacio pero también asumiendo la responsabilidad social que nos toca como servidores públicos o como ciudadanos. Para todos hay quehacer…

Es necesario capitalizar la virtuosa emoción que empuja hoy a millones a trabajar juntos por los damnificados, en otras acciones y objetivos, sin altisonancias ni protagonismos, criticando si, pero también proponiendo…sin sonoras descalificaciones de unos a otros sin llegar a acuerdos objetivos, realistas y siempre con sentido común…

Es tiempo de que el cambio y unión ante lo extraordinario se fortalezca y perdure, que no sea circunstancial y solo por los que ahora sufren por los terremotos, sino por nosotros mismos, por nuestros seres queridos, porque necesitamos fortalecernos más gobernados y gobernantes, porque unidos hacemos la diferencia.

También hay que aprender de la tragedia, detectar errores para corregir prácticas, delinear nuevas premisas para evitar dolor…porque siempre hay dolor evitable en el quehacer humano.

Por ahí hay una vereda que seguir y explorar con armoniosa voluntad y solidaria acción como ahora lo vemos a lo largo y ancho de los cuatro puntos cardinales de los lugares destruidos, porque el cambio ante lo extraordinario no debe ser, no puede ser, solo cuando la muerte pasa y nos acecha y eso compete a todos los que creen que la nobleza obliga no solo a ayudar al que está en desgracia sino a ser propositivo, a luchar hombro con hombro por una mejor calidad de vida en todo sentido y, sobretodo, por lo que más queremos que es nuestra familia.

Eso debe ser ahora antes de que otra situación indeseable pase. Así de sencillo.

Fecha de publicación: 23-09-2017


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