Por Pablo Hiriart

La sociedad observa, con total indiferencia, cómo se destruye la República y se instaura a pasos agigantados un régimen autoritario y antidemocrático.

Nos hemos vuelto un país donde los partidos políticos, la mayoría de los medios de comunicación, las cúpulas empresariales, las universidades y los poderes Legislativo y Judicial, se ponen de tapete para que avasalle sin contratiempos la voluntad de un solo hombre.

Hace unas semanas se dio conocer –en este y otro espacio– que el presidente de la Suprema Corte conminó a la titular del Tribunal Electoral a que renuncie al cargo, pues en Palacio Nacional disgustó que no anulara unas elecciones en que perdió el partido del presidente.

Para la Corte, el presidente mandó una terna en que va la esposa de su constructor favorito, José María Riobóo, su ex asesora, y la ex candidata a senadora de Morena en Querétaro.

Se nombró un fiscal carnal y éste designó fiscal electoral a un amigo y colaborador del presidente desde el inicio de este siglo.

¿Dónde están los colectivos de ONG y periodistas que abogaban en la calle y en las redes “por una fiscalía que sirva”?

Muchos están de tapetes.

El país está copado por “superdelegados” que concentran el poder de la federación en cada una de las entidades.

Son ex candidatos de Morena que van a ser gobernadores de esos estados porque controlarán el dinero de los programas sociales. Con esa maniobra, en pocos años el país se va a pintar de guinda.

Ya le llamamos con naturalidad “consultas” a esas pantomimas que sirvieron de excusa para echar abajo el Nuevo Aeropuerto Internacional de México y construir un tren Maya, sin que votara ni el uno por ciento de los empadronados.

Las “consultas” las van a llevar a la Constitución. Esa figura ya existe en la Carta Magna, regulada y supervisada por el INE. Para abajo. Y adelante las consultas a la manera de Morena.

¿Dónde están los constitucionalistas, tan activos y protagónicos hasta hace apenas unos meses? Silencio.

Con las reformas constitucionales que se harán en materia de democracia, dice el presidente, vamos a terminar con los fraudes electorales.

¿Y el INE? Se queda callado. Más aún: le recortan el presupuesto al nivel más bajo de su historia, porque estorban.

El dinero volverá a fluir para el INE cuando Morena haya puesto a todos y cada uno de sus consejeros.

Los institutos autónomos fueron castigados presupuestalmente porque son una piedra en el zapato para el avasallamiento del presidente y su partido, sin Inegi poderoso que impida cuadrar estadísticas a modo.

Ya dijo el presidente lo que piensa de los organismos autónomos: “se hicieron para robar”.

Obviamente los va a desaparecer o a copar con sus incondicionales.

El presupuesto está volcado a la construcción de bases clientelares, y nadie dice nada.

Ni un peso a las estancias infantiles, que atienden a cientos de miles de niños, pues el dinero se les va a entregar a los padres. Quieren clientelas.

Y así con los precios de garantías, las becas a jóvenes y apoyos a millones de personas que serán su base electoral.

A las Fuerzas Armadas les dan múltiples tareas que no son las suyas y, por ahora, sin atribuciones ni para defenderse, y pierden el respeto de la población.

Cualquier barbaján encara, golpea o secuestra a miembros del Ejército sin el más mínimo respeto, porque sabe que no le va a pasar nada.

Al Ejército lo ponen donde hay dinero: inmobiliarias, aeropuertos y todos los negocios alrededor de una terminal aérea (hoteles, restaurantes, casa de cambio, etc.).

En paralelo a ello el gobierno construye una Guardia Nacional militarizada que va a responder a su creador: AMLO.

México se militariza en torno a un proyecto político.

Duele decirlo, pero así hizo Chávez en Venezuela y hoy el único apoyo de Nicolás Maduro reside en un ejército cooptado y una Guardia Nacional a su servicio.

La ley no se aplica a los aliados políticos del gobierno, como es la CNTE, que puede detener por semanas el tránsito de ferrocarriles y mercancías porque son del partido del presidente.

Ahora toman vías férreas y dañan con decenas de miles de millones de pesos a empresas y obras en construcción.

Dentro de poco podrán tomar industrias y fábricas de los fifís que no se plieguen a los planes de la cuarta transformación. Al cabo que nadie dice nada y el gobierno no les aplica la ley.

Los nuevos libros de Formación Cívica y Ética para estudiantes de secundaria (ya aprobados), fueron desechados por la SEP. Van a comprar libros de 2011 (desactualizados), mientras preparan los textos con los que van a adoctrinar a los jóvenes.

El 5 de febrero, en Querétaro, el presidente dijo en su discurso que se necesitaba una nueva Constitución, aunque por ahora no había condiciones.

Esas condiciones van a aparecer. Cuando avasallen en las elecciones intermedias con el control de los estados, la destrucción de los organismos autónomos y la operación de su base clientelar, tendrán mayoría absoluta en San Lázaro para convocar a una Asamblea Constituyente.

Mientras todo eso se encuentra en marcha, la sociedad y sus agrupaciones contemplan, sin inmutarse, la destrucción de la República.