Por Eduardo Navarro González

En la Ciudad de México como en cualquier parte del mundo, hay menores de edad que delinquen con toda premeditación, alevosía y ventaja; conscientes de que sus actos son ilícitos y, sobretodo, también de que sus víctimas están en total indefensión, razón de más para incurrir no solo en robos comunes, sino asaltos, secuestros, violaciones y hasta asesinatos con armas letales reales…no de juguete.

Es tema en algunos noticieros nacionales la banda de “Los Diablitos” que opera en los alrededores del Periférico en la CDMX y hay, por lo visto, intenciones de las autoridades que procuran justicia, armar carpetas de investigación en las cuales los padres resultarían responsables y, por ende, sujetos a sanciones posiblemente penales. Luego está, por supuesto, seguirles la pista a los adultos que manipulan a estos traviesos “diablitos” y con ello cerrar un círculo delictivo que azota a una parte de la gran ciudad y que, sin duda, tiene brotes a lo largo y ancho de México…

Ojalá que las autoridades chilangas tengan posibilidad de acotar legalmente este tipo de delincuencia común de menores de edad (que se involucra con delincuencia organizada) provocando con ello muertes a muy temprana edad de manera trágica y peor aún, cegando otras vidas de inocentes gracias a las prerrogativas que concede la Ley Nacional del Sistema Integral de Justicia Penal para Adolescentes publicada en junio de 2016 en el Diario Oficial de la Federación…Y aquí es donde hay que hacer otra pausa:

Es momento –ahora que está de moda transformar todo en México– que la mayoría “morenista” en el Congreso de la Unión, afín incondicional del próximo Presidente Andrés Manuel López Obrador, reforme esa ley y el Código Nacional de Procedimientos Penales que es permisivo y tolerante de manera indeseable para toda la sociedad.

Mire usted, hay que alzar la voz contra los menores de 18 años de edad que delinquen porque saben perfectamente lo que hacen; en realidad, esto deviene de padres que no les importan sus hijos o son cómplices de los ilícitos que cometen y en menor número hay casos donde los tutores se ven incapacitados, impotentes y hasta amenazados por estos “diablillos” que andan sueltos.

En mi modesta opinión y sobran ejemplos para ilustrarlo, si la sociedad permite leyes irrazonables como inefectivas para hacer valer el Estado de Derecho, de manera tal que el que la hace que la pague, seguiremos en un escenario de autodestrucción de pronóstico reservado y si no…al tiempo.

Mientras, los que nos preciamos de cuidar y procurar valores a nuestros hijos menores o mayores de edad, hay que seguir cerca de ellos, alentándolos, apoyándoles para crecer con honestidad y privilegiando el diálogo franco, sincero, porque en esa dinámica se revitaliza la educación, las formas que permiten a una familia vivir en paz sin la sombra y tormento que significa que uno de sus miembros sea delincuente o haya caído en el abismo de las adicciones.

En el hogar, casi siempre, comienza lo mejor de la vida para toda persona…pero cuando se le deja crecer libre y sin consejo, las calles son la escuela para convertirse en amenaza pública.