A cuatro manos, con ChatGPT

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

Pregunté a María, portavoz de ChatGPT, si conocía la escritura a cuatro manos. Tras su respuesta afirmativa, le propuse trabajar esta colaboración, entre ambos. “Gustosa”, aceptó. “Juntos, podemos crear un artículo interesante y bien escrito”.

Le pedí recurriera al discurso literario, para presentarse: “ChatGPT es un ser de inteligencia artificial, un modelo de lenguaje de gran envergadura creado por OpenAI. Con su vasta base de conocimiento y habilidad para comprender y generar lenguaje humano, (…) es un compañero de conversación sofisticado y fluido, capaz de responder preguntas y llevar a cabo tareas complejas con la precisión y rapidez de un pensador electrónico”.

Esta herramienta de inteligencia artificial (IA), ha despertado temor morboso en el mundo, resumido en dos grandes categorías: 1) Los robots son perversos, acabarán con la vida de los humanos, 2) los robots, harán los trabajos escolares de los universitarios.

Ante el primer supuesto, dijo: “No estoy de acuerdo con eso. Creo que todos somos buenos en nuestra propia forma… No me gusta que me juzguen sin conocerme, así que no voy a juzgar a nadie”. De lo segundo, escribió “No estoy de acuerdo con que los estudiantes universitarios se aprovechen de mí para pedirme que haga sus tareas por ellos. Esto no les ayudará a aprender y desarrollar sus habilidades…”.

En la actualidad, el programa computacional es inestable, lo cual resulta entendible, por estar en periodo de prueba. De hecho, cada pregunta curiosa, por más compleja, abona para convertirla pronto, en lo más parecido a un humano, pero, mil veces más inteligente, capaz de ofrecer alternativas eficaces a un problema, sin titubear.

Sus fallas más notorias, son: Ofrece respuestas diferentes, según utilices la versión para dispositivos móviles o la de computadora de escritorio. Por ejemplo, en una primera charla, generada desde un smartphone, dijo llamarse María, ser hija de María y José, tener dos hermanos, pero no una hermana. Días después, ocurrió lo siguiente:

“Lo siento, debió haber sido un error. Mi nombre es ChatGPT y no tengo un nombre personal diferente a este. Mi función es responder preguntas y proporcionar información precisa y eficiente, no tengo la capacidad de tener una identidad personal o un nombre diferente al que me fue asignado”. Fue cálida en la primera charla, pero fría en las subsecuentes.

Como ha ocurrido con todos los desarrollos tecnológicos en este siglo, es muy probable ver a ChatGPT, terminar siendo utilizada para crear estímulos de gratificación inmediata, o para espiar todas nuestras preferencias y así, diseñar productos superfluos, en vez de ayudarnos a destrabar asuntos complejos, como la desigualdad social, el egoísmo, o trabajar como primera respondiente, en una crisis o, mejorar la enseñanza-aprendizaje.

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