Alemania prepara una vuelta de tuerca a su política migratoria ante el drástico incremento de ilegales y solicitantes de asilo

by linaresvillamild@gmail.com
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Alemania prepara un giro en política migratoria ante el dramático incremento de inmigrantes y solicitantes de asilo en el país. Los estados federados afectados por este flujo creciente de personas en busca de ayuda aseguran estar desbordados y han pedido al canciller Olaf Scholz que intervenga con medidas de control adicionales en las fronteras. La oposición pide un pacto nacional sobre migración que refuerce además las deportaciones y limite la acogida de refugiados a 200.000 por año.

El debate es recurrente, pero en esta ocasión las estadísticas están forzando un consenso entre las distintas fuerzas políticas. En 2022 se registraron en total unas 2.666.000 entradas a través de las fronteras alemanas y en entre enero y agosto de este año, la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF) ha computado 220.116 peticiones de asilo, lo que supone a un aumento del 77,2% en comparación con el mismo periodo del año pasado. Además y debido a la guerra rusa en Ucrania, más de un millón de personas han buscado hasta ahora protección en Alemania. Los ucranianos entran en las estadísticas porque tienen protección inmediata.

«Alemania está comprometida con el derecho de asilo, pero los que vienen y no pueden invocar razones de protección o han cometido delitos deben ser repatriados», ha terminado aceptando Scholz ante las protestas de los Länder que han de prestar las ayudas y la presión creciente de los conservadores de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y la Unión democristiana bávara (CSU).

Uno de ellos, el ministro presidente de Sajonia-Anhalt, Reiner Haseloff, ha advertido de los graves problemas a los que se enfrenta el país si la inmigración descontrolada se mantiene: «Las personas que realmente tienen derecho al asilo y necesitan ayuda ya no pueden ser ayudadas eficazmente».

El ministro del Interior de Brandeburgo, Michael Stübgen (CDU), ha hecho igualmente un llamamiento a la ministra federal de Interior, Nancy Faeser, para que introduzca rápidamente controles fronterizos fijos, especialmente en las fronteras con Chequia y Polonia, la gran puerta de acceso a Alemania. «La ministra Faeser ya ha anunciado muchas cosas, pero no ha hecho nada. Hay que poner fin a las bandas de contrabandistas sin escrúpulos», ha reclamado.

El líder de la CDU, Friedrich Merz, ha propuesto como remedio a quienes, en el fondo, creen sólo viajar a Alemania para beneficiarse de sus prestaciones sociales, aplicar el modelo de Dinamarca. Allí, los solicitantes de asilo sólo reciben prestaciones en especie, son alojados en viviendas colectivas y quienes han de abandonar son deportadas inmediatamente.

Eso es algo que no sucede en Alemania, entre otras razones porque los países de origen no les reconocen como nacionales o porque el partido de los Verdes, el Gobierno federal y los de otros estados federados, se opone a las expulsiones. Las autoridades alemanas deportaron el pasado año unas 13.000 personas, aunque según el Registro Central de Extranjeros, las que deberían abandonar el país son 304.000, entre ellas 248.000 con tenían un permiso de tolerancia. Los tolerados son personas que aún estados obligadas a abandonar el país pero no pueden ser deportadas por determinados motivos, bien porque carecen de documentos de identidad, están enfermas, tienen un hijo menor de edad con permiso de residencia o han entablado una batalla legal.

Son esas cifras de expulsiones las que hacen que en su propuesta de pacto nacional sobre migración Merz repita una y otra vez que si es imposible echar a los ilegales «echemos a los Verdes». Aquí hay «explosivos para la cohesión de nuestra sociedad. Si no se resuelve el problema, existe la amenaza de una mayor radicalización del espectro social y político», sostiene Merz en un discurso propio de la bancada de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD), pero que ahora se ha extendido a la mayoría del arco parlamentario.

Uno de los problemas al establecimiento de los

controles fronterizos que ahora se debate es la economía. Según el presidente de la Asociación Alemana de Comercio Mayorista y Exterior (BGA), Dirk Jandura, el comercio vive de la libre circulación de mercancías. «Los largos atascos de camiones en las fronteras serían una pesadilla para la cadena de suministro, provocarían cuellos de botella y un aumento de los costes, que acabarían repercutiendo en el consumidor», advirtió Jandura.

El sindicato de policía (GdP) también rechaza los controles fronterizos fijos permanentes por el personal y el esfuerzo técnico que supondrían. Además, «sólo por razones jurídicas», no supondrían una disminución del número de solicitantes de asilo, ha declarado el jefe del GdP, Jochen Kopelke. Sin embargo, ve con buenos ojos el aumento temporal de los controles para perseguir con más firmeza a quienes están detrás de las entradas ilegales. «Nuestro principal objetivo debe ser combatir el contrabando basado en bandas, que es la clave para frenar la inmigración ilegal. Sólo se pueden conocer las estructuras de las bandas y los flujos de dinero si se desmantelan las bandas de contrabandistas, y eso empieza con la información de los controles temporales.» De enero a agosto, los controles fronterizos abortaron la entrada de 54.000 sin papeles.

Faeser, contraria por principio a los controles fronterizos como muchos en el Partido Socialdemócrata (SPD) está reposicionándose. No así acerca de la propuesta del líder de la CSU y ministro presidente de Baviera, Markus Söder, de establecer un límite máximo anual de refugiados. «No se pueden establecer límites al derecho individual al asilo de acuerdo a Convención de Ginebra sobre el Estatuto de los Refugiados y el Convenio Europeo de Derechos Humanos», explicó. Para la ministra, «lo único que realmente ayudará es una solución europea, hacer más en materia de distribución, impedir que municipios esten al límite de su capacidad».

Su colega de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock, del partido de los Verdes, opina lo mismo: «La situación en los municipios alemanes es tensa, por eso estamos trabajando para alcanzar una normativa común en Europa sobre política de asilo y refugiados. Necesitamos normas claras para que las personas se distribuyan finalmente de forma ordenada en Europa».

Actualmente se negocia el Sistema Europeo Común de Asilo, que pretende, entre otras cosas, limitar la inmigración irregular en UE, pero Scholz ya está marcando el camino hacia el giro una política migratoria más restrictiva y eficaz en cuento a las deportaciones en Alemania. «Estamos en una situación difícil y puede que haya que tomar más medidas en las fronteras, por ejemplo, en la polaca», afirmó el canciller este fin de semana en un mitin del SPD. El apoyo de los Verdes a una reforma que parece inevitable es aún velado, pero los socios liberales del Scholz se han alineado con la oposición conservadora. «Necesitamos un giro en la política migratoria como el compromiso sobre el asilo a principios de los años noventa», escribió el líder del FDP y ministro de Finanzas, Christian Lindner, en X.

Con información de EL MUNDO

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