Alguien se comerá sus palabras el próximo año

by linaresvillamild@gmail.com
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Dividieron… y perdieron, por lo menos en Coahuila.

Ni con la declinación (desde mi perspectiva, forzada) de las dirigencias del PT y el PVEM a favor de Armando Guadiana, Morena pudo evitar que el empresario minero y taurino perdiera pot más de 30 puntos ante el opositor Manolo Jiménez Salinas, quien le da al PRI otros seis años de poder en el estado norteño.

Algo hizo mal el partido guinda para obtener esa derrota. ¿Haberse ido en solitario? No creo, ni con los votos obtenidos por el PT, mucho menos los del Verde le hubieran alcanzado.

¿A qué voy con esto? A que el próximo año viene «la grande», la elección presidencial y la renovación del Congreso de la Unión, y ante el inicio del próximo proceso electoral, lo ocurrido en Coahuila y el EdoMex le está sirviendo de inspiración a los «morenos» bajacalifornianos para velar armas y prepararse para la contienda.

De ahí que el «rompimiento» de Morena con el PT de Jaime Bonilla no es algo que se debe echar en saco roto. Este lunes, Ismael Burgueño, el dirigente morenista en Baja California indicó que no irán aliados con el exgobernador y su partido para 2024, porque no puede ser posible ir juntos con alguien que un día, y otro también, y otro, y otro, y otro (porque es su estilo) los ha denostado, tanto a ellos como al gobierno de Marina del Pilar Ávila.

Al ser cuestionado si tal decisión ya es conocida por el dirigente nacional, Mario Delgado, el presidente estatal comentó que el «líder» tiene comentarios positivos del desempeño de Ávila Olmeda y que por ningún motivo permitiría una alianza con un partido que se ha convertido en un opositor al Ejecutivo Estatal.

La realidad, es que Burgueño llegó tarde a la fiesta, porque Bonilla, vía su vocero Marco Antonio Blásquez mantienen la postura de que ellos tampoco irán coaligados con el morenismo bajacaliforniano, ya que su dirigencia no representa a la Cuarta Transformación, como si esto (sea lo que sea) le pertenezca a una persona o grupo.

Pero aquí no importa lo que diga Burgueño, ni Bonilla, ni Blásquez, ni Mario Delgado. Aquí el único que dirige los destinos de la Cuarta Transformación (repito, sea lo que eso sea) y decide cómo se le va a dar continuidad (si es que quiere que eso ocurra) se llama Andrés Manuel y se apellida López Obrador. No nos hagamos tontos. A él es al que le tienen que jurar lealtad y si él dice que van aliados, van aliados; si dice que no, pues no. Para muestra, Coahuila.

Diga que lo escribió un loco, pero estoy casi seguro que el próximo año, Burgueño y Bonilla van a tomar un plato muy hondo y empezarán a comerse, letra por letra, sus palabras. Porque no dude que habrá coalición. Sí, tal vez, en algún distrito, en algún municipio, vayan solos, pero en general «seguirán haciendo historia» (aunque sea en el nombre de la coalición), no seamos ingenuos. A menos que uno de los dos, de última hora, se brinque las trancas y le diga que no al presidente, al líder moral. Ni Bonilla ni Burgueño se atreverán. No se mandan solos.

P.D. Va a ser muy hilarante ver al dirigente y al Comisionado Nacional negociando candidaturas, cuántas para Morena, cuántas para PT, cuántas para la gente del comisionado, y cuántas para la gente de la gobernadora…

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