Por Pablo Hiriart

La Cámara de Senadores ha incurrido en una penosa irresponsabilidad al permitir que la bancada de Morena retire las reformas a la Ley Federal de Entidades Paraestatales a raíz del caso Taibo.

Con ello admite que cambia la ley única y exclusivamente para el beneficio de una persona.

Ahí está el centro de la inmoralidad que destiñe la independencia del Senado: cambian las leyes para satisfacer el deseo del presidente de nombrar a una persona determinada en una paraestatal.

La reforma, si es buena, debe ir.

Y quien tiene la responsabilidad de nombrar o no a Taibo al frente del Fondo de Cultura Económica es el presidente de la República.

Si el presidente López Obrador quiere poner ahí a un patán, a un cretino que le falta el respeto a las minorías políticas porque “se las mete doblada”, que lo haga. Y que asuma el costo político de sus caprichos.

Pero el Senado no tiene por qué frenar la reforma a la Ley Federal de Entidades Paraestatales hasta que el señor Taibo tenga a bien disculparse como la gente decente.

Esa reforma es buena porque permite a los mexicanos por naturalización dirigir empresas paraestatales.

Se trata de un avance, trunco, pero un avance en la idea de poner punto final a la existencia de mexicanos de primera y de segunda.

Falta mucho por hacer en ese terreno, como abrir el derecho a ser parte del servicio exterior, a ser votado, a tener las mismas ventajas que un nacido en el país.

Ahí estaba el sentido de esa reforma.

Ahora que avanzan en el mundo los nacionalismos excluyentes y las xenofobias convertidas en políticas de Estado, en México se vuelve a dar el ejemplo digno y se camina hacia la apertura de derechos fundamentales.

Pero no. Resulta que todo eso era únicamente para poner a Taibo en el Fondo de Cultura Económica.

¿Qué piensan en el Senado?

¿Empleados del presidente?

¿Para qué existe el Senado?

En el fondo quien está legislando es el presidente. Y no para causas de interés general, sino para su amigo.

Taibo no debe ser director del FCE, no por haber nacido en España, sino porque es un enemigo de la pluralidad, de la democracia, del respeto a la dignidad de las personas.

Y quien debe bajarlo de su nube es Andrés Manuel López Obrador, no el Senado de la República que congela una ley para aplazar su nombramiento hasta que se disculpe.

Si él quiere tener a un patán en el FCE, que lo nombre, está en su derecho.

Como está en su derecho de tener de huésped en su casa de Palenque a un instigador y panegirista de crímenes por razones ideológicas, como Silvio Rodríguez.

O a un asesino en su toma de posesión, como Nicolás Maduro.

Él ganó las elecciones y tiene derecho a todo ello, lo que no obsta para que los críticos hagamos los señalamientos del caso.

A nombre de la bancada de Morena en el Senado, Martha Lucía Mícher anunció que retiraban el dictamen aprobatorio de la reforma y pidió a Taibo que se disculpe por sus comentarios “machistas”.

La ley no puede ser para una persona.

Es un infantilismo vergonzoso que el Senado le diga a Taibo que se disculpe para que pueda pasar la reforma.

Quien lo debe dejar fuera de su equipo de gobierno es AMLO y no el Senado, cuya obligación es legislar para todos, no para Taibo porque se los indicó el presidente.

Además, lo de Taibo no es únicamente machismo. Es la forma de hacer política que tienen los totalitarios.

Ya lo veremos “con el machete” en el FCE, como dijo ayer.

A linchar a los rivales ideológicos del jefe.

“Se las metimos doblada, camarada presidente”, podrá decir cuando rinda su parte de guerra.

Y tal vez eso sea lo que desean escuchar.