Por Pablo Hiriart

En México hay decenas de miles de desaparecidos y el presidente López Obrador tuvo el acierto de reinstalar el Sistema Nacional de Búsqueda de Personas. La displicencia ante la muerte o rapto de seres humanos no le ha sido indiferente al gobierno actual.

Será una tarea muy complicada, pero había que emprenderla. Hay que poner nombre y apellidos a los desaparecidos, saber cuántos son, dónde están sus restos para poner una cruz o contar con noticias sobre su paradero.

Es tarea complicada porque no hay un número exacto de cuántos son los desaparecidos.

Algunos dicen que son 40 mil. ¿De dónde toman la cifra? Pueden ser más o menos. Esa es parte de la tragedia que AMLO ha decidido esclarecer, aunque sea en parte. Es una señal de humanismo que debería tener la colaboración de todos.

Es una tarea complicada porque entre los desaparecidos hay personas que se van de su entorno comunitario o familiar sin dejar rastro alguno.

Difícil es también porque la mayoría de los desaparecidos fueron asesinados por cárteles rivales en la guerra entre narcos.

Hemos visto morgues repletas de cadáveres que nadie va a reconocer y deben ser guardados en tráileres refrigerados por si algún familiar o amigo decide ir a buscarlos.

Y también hay, una minoría, de desaparecidos por fuerzas de seguridad del Estado en alguno de sus tres órdenes.

Todos, absolutamente todos, son seres humanos, son mexicanos, y corresponde al Estado aclarar su paradero u origen de su muerte.

Esa tarea, complicada y llena de interrogantes difíciles de resolver, se ha echado a cuestas el gobierno actual y anunció que no se escatimarán recursos para lograr el objetivo.

Van a dar una explicación que la sociedad se merece y que el Estado debe dar.

Habrá un problema adicional: el siguiente gobierno también tendrá que reactivar el Sistema Nacional de Búsqueda de personas, por los desaparecidos en esta administración.

Es que la estrategia es la misma que en los gobiernos pasados, y sería ingenuo esperar resultados distintos si el Estado hace lo mismo.

¿Qué diferencia hay entre los centroamericanos desaparecidos en la carretera San Fernado-Reynosa en el sexenio del presidente Calderón y los desaparecidos en la misma carretera en el gobierno del presidente López Obrador?

Obviamente es lo mismo. Y será lo mismo mientras no haya una estrategia diferente, si es que existe.

En la oposición priistas y morenistas (entonces perredistas) cargaron con todo contra Calderón por su estrategia que produjo miles de desaparecidos.

Durante el gobierno anterior, panistas y morenistas denunciaron los “muertos de Peña Nieto”.

Y ahora, en el pasado mes de febrero, se registraron dos mil 796 homicidios dolosos, de acuerdo con la información dada a conocer por el Sistema Nacional de Seguridad Pública, lo que da un promedio diario de 102 personas asesinadas.

Esa cifra es la más alta que hayamos tenidos jamás, con la salvedad de la época de la Revolución.

No hay cambio esencial de estrategia y los resultados en cuanto a seguridad y muertes van a peor.

¿Se puede cambiar la forma de combatir a los grupos criminales?

A simple vista no. Entregarles el territorio o exhortarlos a que se porten bien no es la solución. Hay que enfrentarlos para brindar seguridad personal y patrimonial a la población.

Ese objetivo no se ha alcanzado, es lo que dicen las cifras.

Mientras se determina qué hacer, por lo menos tenemos que encontrar a los muertos y desaparecidos, y no escatimar recursos económicos ni profesionales en esa tarea.

Es lo que ha hecho, y bien, el gobierno de López Obrador.