Cómo el nuevo gasoducto de 600 km de Vaca Muerta puede ayudar a Argentina a salir de la crisis económica

by linaresvillamild@gmail.com
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Desde hace una década que en Argentina se habla sobre el potencial de Vaca Muerta, una gigante formación de roca hallada bajo el suelo patagónico que está repleta de hidrocarburos.

Según las estimaciones oficiales e internacionales, Vaca Muerta tiene los segundos mayores recursos del mundo en gas y los cuartos en petróleo, ambos en formato «no convencional», como se llama a los hidrocarburos que deben ser extraídos de la roca madre a través de la técnica del fracking (o fractura hidráulica).

Pero, a pesar de contar con estas riquezas, Argentina lleva años importando combustible para sostener su matriz energética, que utiliza mayoritariamente el gas.

De hecho, cada vez gasta más en este rubro, algo que representa una pesada mochila para un país fuertemente endeudado que atraviesa una profunda crisis económica, con una inflación que supera el 110% anual.
Sin embargo, la situación energética está a punto de dar un vuelco: este año Argentina prevé reducir drásticamente su gasto en importaciones de hidrocarburos.
Y, en el mediano plazo, planea no solo recobrar su autoabastecimiento de gas sino, además, convertirse en el principal exportador de la región.

Todo gracias a una tubería.

El GPNK
El país perdió su soberanía energética en la década de 2010 cuando se redujo su producción de hidrocarburos convencionales, algo que los expertos atribuyen a la falta de inversión en exploración.

A pesar del hallazgo de los recursos en Vaca Muerta en 2011 y de que se nacionalizó la principal petrolera del país, Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) un año después con la intención principal de avanzar en la explotación de ese gas y petróleo no convencionales, el costo de extraerlos -el doble de lo que costaba explotar los combustibles tradicionales- limitó el potencial.

Sin embargo, eso fue cambiando con el tiempo debido a las mejoras en la eficiencia de la técnica del fracking, sobre todo en Estados Unidos, país que gracias a su explotación de no convencionales se convirtió en el principal productor de gas y petróleo del mundo.

Daniel Dreizzen, director de Energía de las consultoras Ecolatina y Aleph Energy, señaló a BBC Mundo que esta eficiencia hizo que la tendencia se revirtiera, llevando a que en los últimos años explotar hidrocarburos no convencionales pasara a costar cerca de la mitad de lo que vale explotar los convencionales.

Con esto, Argentina pudo finalmente empezar a explotar el potencial de Vaca Muerta y en los últimos tres años la producción de hidrocarburos no convencionales no ha parado de crecer, según las cifras de la secretaría de Energía.
Pero, paradójicamente, en ese tiempo tampoco pararon de crecer las importaciones de hidrocarburos, por lo que, a pesar del aumento de su producción, el país sigue teniendo una balanza comercial energética negativa.

¿A qué se debe? A que, aunque el país tiene el gas y petróleo necesarios para autoabastecerse, no tiene como transportar toda esa nueva producción desde Vaca Muerta.

«Tenemos un cuello de botella», explica Dreizzen, quien fue secretario de Planeamiento Energético durante el gobierno previo, de Mauricio Macri.

Esto podría cambiar pronto gracias a lo que el presidente argentino, Alberto Fernández, definió como la obra de infraestructura más importante de las últimas cuatro décadas.

Se trata del Gasoducto Presidente Néstor Kirchner (GPNK): una tubería nombrada en honor al exmandatario que falleció en 2010, que conectará a Vaca Muerta con la zona más densamente poblada del país, la provincia de Buenos Aires.

Este 20 de junio entrará en funcionamiento el primer tramo del gasoducto, que se extiende por 573 kilómetros entre las ciudades de Tratayén, en la patagónica provincia de Neuqén, y Salliqueló, en Buenos Aires, en el centro del país.

Y ya están en marcha los planes para construir el segundo tramo, que irá desde Salliqueló a San Jerónimo, en el sur de a provincia de Santa Fe, desde donde se abastece de gas al norte del país.

«Un antes y un después»
Durante un acto a mediados de mayo para marcar la última soldadura del gasoducto, el ministro de Economía, Sergio Massa, señaló que «para nosotros hoy marca un antes y un después en la política energética argentina».

Los dichos ratificaron lo expuesto anteriormente por la secretaria de Energía, Flavia Royon, quien dijo que «la obra del gasoducto va a marcar el destino de la Argentina, (permitiendo) desarrollar Vaca Muerta de manera exponencial».

¿Pero por qué es tan importante este ducto de menos de un metro de diámetro que, cuando esté completo, tendrá poco más de 1.100 km?

Porque le permitirá a Argentina volver a autoabastecerse de su propio gas, eliminando uno de sus principales gastos comerciales: la importación de este combustible, y en particular del costoso gas natural licuado (GNL), la forma líquida del hidrocarburo, que permite su transporte en barco o camión (pero es muchísimo más caro que el gas natural).

Hasta hace unos años el país importaba el gas que le faltaba desde Bolivia a través del Gasoducto Norte, que va desde la frontera de ambos países hasta San Jerónimo, en el centro de Argentina.

Pero la caída en la producción del país andino obligó a su socio del sur a tener que recurrir cada vez más al GNL, cuyo precio -encima- se disparó tras la invasión rusa de Ucrania, a comienzos de 2022.

Según Dreizzen, entre 2020 y 2022 Argentina debió multiplicar por diez su gasto en GNL, alcanzando los US$2.550 millones en importaciones.

Si se suman a los US$1.693 millones que se le pagaron a Bolivia por su gas natural, en total debió abonar más de US$4.200 millones para cubrir las necesidades de su matriz energética, que utiliza el gas no solo para el uso doméstico e industrial, sino también para la generación eléctrica.

Para un país en crisis, con las cuentas en rojo y un Banco Central casi sin reservas, se trata de una cifra abultadísima (cerca del 1% de su Producto Interno Bruto -PIB-).

Esto explica por qué no solo el gobierno sino también los principales referentes de todo el arco político y la mayoría de los economistas coinciden en remarcar la importancia que tendrá para el futuro de Argentina el GPNK, que, según las estimaciones oficiales, en un año le permitirá al país ahorrarse esos US$4.200 millones en importaciones.
Primer tramo
Según el gobierno, la primera etapa del gasoducto «permitirá incrementar la capacidad de transporte de gas natural en un 25%».

Esto, de acuerdo con Massa, tendrá un efecto positivo en un muy corto plazo, ahorrándole al país US$2.100 millones en sustitución de importaciones en 2023. Es decir, cerca de la cantidad que se gastó en los barcos de GNL en 2022.

El ahorro más grande -de US$4.200 millones- llegaría en un año.

Dreizzen explicó a BBC Mundo que tras la inauguración del primer tramo del GPNK entrarán unos 11 millones de metros cúbicos por día (MMm3/d) de gas, cerca de un tercio de los 30 MMm3/d que hoy se importan, en promedio.

En seis meses, para enero 2023, la cifra se duplicará a 22 MMm3/d.

Dado que para entonces será verano, y la demanda local de gas se reducirá, Argentina no solo dejaría de importar gas esos meses sino que también podría exportar el excedente.

Si el país logra avanzar con la construcción del segundo tramo del GPNK -el primero fue realizado por la empresa argentina Sacde y la ítalo-argentina Techint en menos de un año, un «tiempo récord» según sus constructores- Argentina podría contar con otros 17 MMm3/d.

Eso permitiría llevar el ahorro por sustitución de importaciones a casi US$7.500 millones, una cifra que equivale a tres cuartas partes del déficit primario que tuvo Argentina en 2022.

Con esa cantidad de gas no solo podría dejar de importar -con excepción de una pequeña reserva de GNL para los días excepcionalmente fríos, una práctica común en todos los países-, también tendría un mayor excedente para exportar.

Con infromación de BBC

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