Competitividad antinatural

by linaresvillamild@gmail.com
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Es más fácil ser competitivo a ser un solidario eficaz, aunque esto último sea lo más recomendable para una armoniosa vida comunitaria.
Competir implica pasar por encima de otro, en un juego de suma cero, donde el triunfo de una parte, implica la pérdida del contrincante. Competir puede ser bueno para algunas cosas, como el espectáculo deportivo profesional, pero no en una sociedad, en la cual todos ocupamos de todos para salir adelante.
La competitividad es atractiva porque implica triunfos gloriosos, derrotas humillantes, incluso nos orilla a creer, que es algo natural en el humano, cuando es quizá, lo más antinatural. De hecho, casi todo lo considerado normal, en especial, la competencia feroz, es lo menos normal, de acuerdo a nuestro proceso evolutivo.
Es más, sorprende descubrir que el santo grial del desarrollo humano moderno, el surgimiento de la agricultura, representó problemas de salud, o sea, comenzar a controlar el desarrollo de plantas, no fue un acto de resultados positivos inmediatos, como sospecharíamos de forma intuitiva, sino uno de personas desnutridas, contagio de enfermedades, intercambio de virus, bacterias entre humanos y la fauna domesticada. Pasamos de vivir a gusto, dependiendo de alrededor de 5 mil variedades de plantas, a reducirlas al cultivo de 150 especies, las cuales forman parte del comercio mundial actual (“Genomics, the origins of agriculture and our changing microbe scape: time to revisit some old tales and tell some new ones”).
Ocupamos reconocer que la modernidad no es lo óptimo ni el ideal, solo pone parches a cada problema surgido de una solución a otro problema, que no existiría, si comprendiéramos bien nuestra realidad. No es cursilería, sino un hecho real, aceptar que, respetar el entorno es sano, funcional, eso lo prueban algunas tribus como los australianos (“Australian aboriginals remind us show civiization should be”).
La gente puede vivir feliz en grupos pequeños, en espacios reducidos, sin acumulación de artefactos o el almacenamiento de comida, cosechando plantas mas no sembrándolas, intercambiándolas, aceitando la maquinaria social, fortaleciendo las estructuras igualitarias (“Returning to “normal”? Evolutionary roots of the human prospect”).
El sistema actual de gobierno, democráticamente antidemocrático, gente pisando a otras, metafórica pero también literalmente, no es un inevitable destino, sino resultado de nuestro conocimiento limitado del entorno. Toda persona preocupada por el futuro amenazante, es consciente de que las soluciones radicales son ilusorias, pero también sabe del valor de un liderazgo genuino y de una educación formal, escolarizada, en especial en los niveles superiores, capaz de ponernos a trabajar en armonizar el entorno, sin necesidad de ser competitivos.

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