Por Pablo Hiriart

El presidente López Obrador tendrá que poner orden en su equipo de gobierno porque el pleito interno se ve desde un avión y el daño que le hacen al país es cada día más grande.

Sin haber tomado posesión ya tiraron la Bolsa y el peso.

¿Qué va a ocurrir cuando asuman el poder total del gobierno?

No atan ni desatan.

Corrijo: lo que un día atan Alfonso Romo y Carlos Urzúa, al día siguiente lo desatan a manotazos sus diputados, senadores, o el (próximo) secretario de Comunicaciones y Transportes y un empresario privado que manda en el gobierno de la cuarta transformación.

Dos titulares de periódico, del viernes, dan cuenta del desorden en el equipo del próximo presidente.

La Jornada: “Gobierno electo sale al paso de tormenta financiera y bancaria”.

El Financiero: “Sánchez Cordero ve inadmisible la intromisión en Poder Judicial”.

Muy bien, ¿a qué tormenta financiera y bancaria salió al paso el gobierno electo?

A la que Morena creó. Y Morena es el partido del gobierno electo.

¿De cuál intromisión inadmisible nos habla la próxima secretaria de Gobernación?

De la que hizo Morena en el Legislativo contra el Poder Judicial.

Vamos por parte.

Morena presentó una iniciativa de ley para quitar cobros de comisiones a los bancos, lo que se oye bien pues hay indudables excesos que es preciso corregir.

Se trata de una medida progresista.

Sin embargo lo hicieron en el peor momento, sin dialogar con nadie, a sangre fría.

Aún sangra la herida de la cancelación del aeropuerto de Texcoco por un disparate técnico y económico de un contratista privado muy influyente en el próximo gobierno, y lanzan esta iniciativa que les quita a los bancos, de la noche a la mañana, el 61 por ciento de sus ganancias.

Peor aún, el Legislativo encabezado por Morena se arroga facultades del Banco de México y lo aplasta.

Es el Banco de México el que regula las comisiones, y con la iniciativa de Morena le quitaban esa facultad.

La Bolsa perdió seis por ciento y las acciones de los bancos se fueron por debajo del piso.

Por la noche dieron marcha atrás, luego de que intervino Carlos Urzúa. Al día siguiente, debió salir López Obrador a decir que no modificarían comisiones.

La pregunta es, ¿cuánto tiempo van a durar Urzúa y Romo en el gobierno de AMLO?

Ya es abierta la andanada que hay contra ambos, que quieren mantener equilibrios en la economía.

Si por los radicales fuera, estatizarían los bancos el día dos de diciembre.

Por otra parte, el gobierno electo anunció que el primero de enero entra en vigor el decreto del Diario Oficial con la Nueva Ley Federal de Remuneraciones de los Servidores Públicos, que le baja el sueldo a la mitad al presidente y nadie puede ganar más que él.

Esa Ley, impulsada por Morena, fue severamente criticada por Olga Sánchez Cordero, senadora de Morena y próxima secretaria de Gobernación del gobierno de… Morena.

Dijo que era una “inadmisible intromisión en el Poder Judicial”, y tiene razón.

También vulnera Morena la autonomía del Poder Judicial al legislar sobre la rotación de jueces de distrito.

Y contra ello protestan Sánchez Cordero y el presidente de la Suprema Corte, Luis María Aguilar porque, efectivamente, atropellan a un poder autónomo.

“Estoy por la autonomía irrestricta del Poder Judicial, no podía ser de otra manera”, dijo la próxima secretaria de Gobernación, ante la embestida de Morena.

¿De qué estamos hablando, si son del mismo gobierno y del mismo partido?

Lo que tenemos ante nosotros es un pleito interno, entre sensatos y radicales, que se va a resolver en el curso del sexenio.

Los primeros quieren hacer una transformación y los segundos una revolución.

El fiel de la balanza será, en un comienzo, el presidente López Obrador.

Después no se sabe si podrá o querrá controlar al tigre, se sumará a él, o terminará siendo devorado por él.