Por Pablo Hiriart

El presidente tuvo que ordenar que quitaran un promocional de la Secretaría de Turismo que giraba en torno a él, como detonador de visitas a México.

Aún no lleva cien días de gobierno y ya algunos de sus secretarios pretenden que lo veneremos como los rusos a Lenin o los chinos a Mao.

Seguramente algunos de los visitantes a la entonces Unión Soviética iban con devoción al (aún existente) Mausoleo de Lenin a ver su cuerpo momificado en la Plaza Roja de Moscú.

Y casi todo visitante a Pekín se toma una foto a la entrada de la Plaza de Tiananmen donde está pintado el retrato de Mao Tse-Tung.

Han sido, por así decirlo, un atractivo turístico porque fueron un parteaguas en sus respectivos países y de una manera importante también en el mundo.

Para bien o para mal, escribieron una página en la historia de la humanidad.

Sin embargo, ¿qué ha hecho nuestro presidente López Obrador, en cien días, como para ofrecerlo al mundo a manera de gancho para que el turismo internacional se vuelque a visitar el México de la 4T encabezada por su presidente?

Destruyó un aeropuerto de talla mundial, construido en una tercera parte. Autofinanciable y buen negocio para el gobierno.

Privó de empleo a cientos de miles de personas entre diciembre y enero, al frenarse el ritmo de crecimiento de trabajos formales.

La producción de petróleo en enero ha sido la más baja desde que existen estadísticas.

Por un equivocado plan de rescate a Pemex estamos en riesgo de perder, este año, la calificación crediticia como país, lo que detonaría una crisis económica de proporciones mayúsculas.

La economía se frenó y en lugar de crecer al cuatro por ciento lo vamos a hacer, con suerte, al uno por ciento.

El Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) señala que en octubre la economía crecía al dos por ciento y el primer mes de AMLO en el poder el crecimiento fue de 0.2 por ciento.

Desde 1995 no estábamos de cara a una crisis por errores internos.

Los bloqueos de la CNTE a las vías de ferrocarril, tolerados por el gobierno, hicieron perder mil millones diarios a empresas y productores.

Se acabó con un periodo de estabilidad laboral que llevaba décadas y las huelgas vuelven a estallar.

Íbamos a disponer de 500 mil millones de pesos más porque se acababa la corrupción, y resulta que no hay dinero ni para estancias infantiles, ni para insumos para atender a gente con cáncer o enfermedades respiratorias, ni para promover el arte, ni para hacer la Fórmula 1 (que deja mucho más de lo que se invierte), ni para sostener los refugios a mujeres maltratadas, que los ‘neoliberales’ sí financiaban.

La inversión extranjera se frenó desde que AMLO se afianzó como el candidato que ganaría las elecciones. Y sigue para abajo.

En el centro del país la industria tendrá que hacer paros técnicos por falta de gas, ya que el gobierno no puede con un problema en uno de los centros procesadores de Pemex en Veracruz.

El supuesto ‘combate al huachicol’ provocó ciento treinta muertos, calcinados, en una sola explosión.

La delincuencia y criminalidad están desbordadas. Enero ha sido el mes más violento en un siglo.

Diciembre y enero arrojaron seis mil 307 homicidios dolosos, 11.4 por ciento más que en diciembre 2017-enero 2018.

La extorsión subió 39.5 por ciento respecto al mismo periodo anterior.

El secuestro se incrementó en 38.3 por ciento.

¿Qué atractivo turístico tienen el presidente y su partido, Morena, como para promoverlos en el mundo a fin de que los extranjeros vengan a visitar México?

De pena ajena lo que hizo la Secretaría de Turismo.

Con toda seguridad el presidente va a hacer cosas positivas en su sexenio, faltaba más.

Sin embargo López Obrador hasta ahora ha sido un cero a la izquierda.

O peor aún, su gestión ha implicado un retroceso para la economía, como lo señalan las cifras oficiales que ha presentado en estos días el director general de El Financiero, Enrique Quintana.

En política hay un salto atrás, hacia la concentración del poder en un solo hombre.

Ayer el presidente ordenó bajar ese promocional, una vez que en el Senado se solicitó un punto de acuerdo para quitarlo.

Dijo López Obrador que en una democracia no tenían cabida esos promocionales que dan “argumentos a nuestros adversarios”.

Hay algo más importante que eso: su culto a la personalidad viola el artículo 134 de la Constitución.

¿No va a renunciar el secretario de Turismo?

Por supuesto que no. El culto a la personalidad del presidente –que apenas lleva 90 días en el poder– será uno de los ejes fundamentales de su sexenio.