Por Rubén Cortés

De enero a julio de 2018, las finanzas públicas del país alcanzaron un histórico superávit primario —ingresos contra egresos, sin los pagos de la deuda— por 160 mil millones de pesos. Sin embargo, en septiembre, el entonces presidente electo afirmó que el país estaba “en bancarrota”.

Pero sólo tres meses después, tras asumir el 1 de diciembre, su opinión cambió como por ensalmo:

En las 65 conferencias mañaneras que ha ofrecido hasta ayer, al referirse a la economía del país, el presidente repitió 53 veces las frases: “vamos bien”, “vamos muy bien” y “vamos avanzando”. Entonces… ¿no que estábamos en “bancarrota”?

Además de que cuando afirmó que estábamos “en bancarrota”, el FMI y el Banco Mundial recién habían mantenido estimaciones de crecimiento para la economía mexicana, y éramos el único país en el mundo al que las calificadoras Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s daban como “estable”.

Sin embargo, el entonces presidente electo aseguraba a la par que:

“El país está atravesando una situación económica y social muy difícil, posiblemente por la situación de bancarrota en que se encuentra el país, no podamos cumplir todo lo que se está demandando, pero sí vamos a cumplir -que quede claro- todo lo que ofrecimos en campaña”.

Él decía eso en septiembre, pero la realidad decía otra cosa. Porque hasta ese mes:

–El poder adquisitivo del salario había aumentado 17 por ciento.

–Se habían creado cuatro millones de nuevos empleos formales.

–La inversión extranjera había sido histórica, con 192 mil millones de dólares.

–Las reservas del Banco de México estaban en 173.5 mil millones de dólares, las más elevadas de su historia.

-La deuda pública se encontraba en 45 por ciento del PIB y México era el único país del G20 en haber disminuido esa proporción desde 2015.

Las cifras anteriores, eran leídas como “una bancarrota” por el entonces presidente electo.

Hoy, en cambio, a casi 100 días de haber iniciado su gestión como gobernante, las calificadoras Fitch, Standard & Poor’s y Moody’s cambiaron su calificación de “estable” a “negativa”, debido a una menor previsión de crecimiento económico para el país en 2019.

Es contradictorio, pero es justo ahora, cuando nuestra economía sí pinta muy mal, que el presidente tiene una opinión positiva: en 96 días de gestión (sólo en sus conferencias matutinas) ha insistido 53 veces en que “vamos bien”, “vamos muy bien” y “vamos avanzando”.

Son estadísticas diarias que registra el doctor Luis Estrada, Director del Diplomado de Análisis Político del ITAM, quien realiza un seguimiento puntual de este novedoso e intenso ejercicio del presidente para poner la agenda todos los días.

Y lo consigue. Porque para el 80 por ciento de los mexicanos…

Vamos bien.