Por Eliott Valdez Montaño

El Congreso de Baja California está pasando por una crisis política y de gobernabilidad. Han pasado 20 días de agosto y no han podido llegar a un acuerdo para nombrar una mesa directiva que debió haber entrado en funciones el pasado día 1, y ante la falta de consenso y por encontrarse en una situación no prevista por la Ley, la presidencia de la XXII Legislatura sigue comandada de manera provisional por el priísta Marco Antonio Corona Bolaños Cacho.

Mientras se discute quién será el (o la) nuevo presidente del Congreso, las responsabilidades se echan entre panistas y priístas, ya que los tricolores culpan a la Junta de Coordinación Política, presidida por el blanquiazul Ignacio García Dworak de imponer a la perredista Rocío López Gorosave, propuesta en la que los opositores a la dupla PAN-PRD no están de acuerdo.

El mismo Corona Bolaños Cacho señaló que no se ha podido sesionar, es más, desdeñaron la efeméride del Día del Constituyente, ya que no celebraron la Sesión Solemne, el pasado 16 de agosto, porque la JUCOPO no había establecido orden del día, y sin tal, no se podía convocar a ningún cónclave legislativo, así que en este momento sigue sin haber acuerdo.

Tuvieron que pasar 14 años para que el Poder Legislativo local viviera otra crisis política por falta de consenso y de orden: en junio de 2004, un grupo de siete legisladores del PAN fueron destituidos y sus suplentes fueron convocados por el entonces presidente del Congreso, Everardo Ramos García, quien con el fin de sesionar en un recinto alterno al ubicado en Centro Cívico, rompió a patadas la puerta de la Auditoría Superior del Estado, ubicadas a unos metros de la sede legislativa.

De los siete panistas destituidos, solo en tres casos los suplentes acudieron a ocupar su lugar: Virginia Noriega (así es, la misma que usted conoce) como suplente de Francisco Rueda Gómez; Griselda Idalia Cavazos en lugar de Ricardo Rodríguez Jacobo; y Benjamín Munguía Ballesteros, en lugar de Luz Argelia Paniagua Figueroa.

Hoy no nos encontramos con una noche de las patadas, pero sí con 20 días de berrinches, en los que ninguna de las dos partes quieren ceder; mientras tanto, el letargo legislativo se mantiene en la XXII Legislatura. Sí, vemos a los diputados haciendo obras sociales, entregando diversos apoyos (que no es delito, claro está) pero en estos momentos, de cara al inicio del proceso electoral 2019 y tras el enroque de estructuras políticas con el triunfo de Morena en la elección federal, se esperaría a los diputados en su principal labor, que es la de legislar.

Se va a acabar el mes, y mientras tanto, no hay acuerdo, el Congreso solo, triste y abandonado, y dentro de una crisis de la que no se espera que salga, por lo menos durante estos días.