Por Eduardo Navarro Gonzàlez

Los debates –lo dice y entiende la mayoría de la gente– son para contrastar personalidades de los protagonistas, ver de qué están hechos según simplistas, o para diferenciar cuál es el menos peor en opinión de fatalistas inscritos en la retórica chairista que está de moda…

En lo personal, creo que los debates como hasta ahora se desarrollan según el “formato” tradicional, es decir, con preguntas por igual estrictas y estando sujetos a tiempo medido para responder, son como las encuestas, “retratos del momento” y que en el 99.9% surgen por aquí, por allá y acullá siempre respondiendo al interés de quienes las practican…de nadie más.

Así hemos transitado los mexicanos a lo largo de décadas en el plano electoral, con debates y encuestas que, una vez en desarrollo o concluidos los periodos de gobierno de quienes “ganaron” la contienda, acallan a la mayoría de los electores cuando éstos afrontan las realidades y los resultados porque atrás quedaron metas y compromisos sin cumplir o medianamente atendidos (porque prometer no empobrece en la política mexicana) y/o el crédito y descrédito de encuestadoras que le atinaron a sus “pronósticos”.

En otras palabras, concluido el proceso electoral los “ganadores” suelen darle “vuelta a la hoja” y adiós compromisos o, como magos, a cambiar la “pichada”…

Por eso creo que debates y encuestas son auténticas cortinas de humo que no dejan ver lo que realmente son o potencialmente pueden ser quienes aspiran a cargos públicos, con excepción de algunos que ya tienen “historia” como servidores públicos y que pretenden “reelegirse” en el mismo u otros cargos no obstante su triste memoria…

En ese orden de ideas, qué sano sería por ejemplo, si se quiere seguir la ruta de los debates, dejar a la suerte de los protagonistas y con un mínimo de reglas para garantizar orden, ver cómo se las arreglan para organizarse y participar sin árbitros, réferis ni moderadores que pudieran entorpecer lo que debiera ser una lucha verbal genuina, porque ahí en el toma y daca de afirmaciones y desmentidos, en la réplica, recontra réplica y sin cortapisas, está el quo vadis de los aspirantes…

A final de cuentas, alguno de ellos tendrá que mostrar liderazgo y eventualmente ganar comicios para lidiar no con tres, cuatro o cinco adversarios políticos, sino con millones de ciudadanos a los que quiere gobernar y por ello es preciso verificar sus capacidades de maniobra y solución a problemas.

Y por otra parte, todos los aspirantes ser sometidos obligatoria como institucionalmente a una prueba de conocimientos respecto al cargo público que aspiran y con ello permitir a la “autoridad ciudadana electoral” descartar a los reprobados, los que no saben siquiera las responsabilidades y facultades básicas del cargo público al que aspiran.

Por lo demás, en México ya tenemos instituciones que cuestan y mucho para fundamentar cuáles son las debilidades políticas y socioeconómicas que padece cada región, cada municipio; estamos llenos, rebosantes de estudios, foros, análisis y proyectos que permiten determinar y construir auténticos mapeos para saber dónde hace falta dotar o mejorar la salud, educación, obra, seguridad, abatir pobreza, etc., pero pocos son los que aprovechan en forma y fondo esos sesudos estudios y con ello tratar de inventar el “hilo negro”…

En suma, no nos engañemos los electores con debates o encuestas que dan perfiles transitorios de los candidatos (as) a puestos de elección popular y que trastocan el sano, responsable, libre análisis y propuestas para elegir gobernantes idóneos, además de que para servir en el ámbito público no solo es necesario el conocimiento y probada voluntad, sino con mayor dosis capacidad de liderazgo para mover multitudes hacia metas con sentido y beneficio común y eso realmente anda escaso. Pero, ¿usted qué opina?…