Por Jorge Berry

Estados Unidos es un volcán a punto de hacer erupción. Todos esperan que esto ocurra a partir de las elecciones intermedias del 6 de noviembre, o a más tardar, cuando tome posesión el nuevo Congreso en enero de 2019, pero lo cierto es que puede producirse ya.

Hasta los más intensos defensores del partido republicano dan por un hecho que perderán la mayoría en la cámara de representantes, y ya hay serias dudas sobre el futuro del Senado. En la elección estarán en juego 435 curules de la cámara baja, y una tercera parte de los 100 escaños del Senado.

En los representantes, los demócratas solo necesitan una ganancia de 23 curules, y las proyecciones actuales le dan una diferencia de entre 40 y 50 a favor. En el Senado, donde los escaños duran 6 años, los demócratas necesitan voltear dos lugares para asumir la mayoría, hay entre 9 y 10 elecciones muy competidas que podrían marcar la diferencia. Si los demócratas logran el control de ambas cámaras, el escenario para el presidente Trump y su partido sería trágico, pero con una sola de las cámaras que se vuelva demócrata, sería suficiente para descarrilar las propuestas más descabelladas del ejecutivo; además, en la cámara, los demócratas tendrían control de los comités, con lo que podrían iniciar investigaciones, emitir citatorios, obligar a los miembros del gabinete a declarar bajo juramento, bloquear legislación, y más. Si encima se llevan el Senado, controlarían el proceso de confirmación de jueces, miembros del gabinete y muchos otros funcionarios, limitando severamente la capacidad del ejecutivo para tomar decisiones.

Lo anterior es un escenario entre probable y posible. Pero hay otro, el poco probable, que es que los republicanos mantengan el control de ambas cámaras.

En ambos casos, la crisis es inminente. Si los demócratas toman una o ambas cámaras, Trump queda vulnerable. Pero si se produce un fenómeno como en la elección presidencial de 2016, en que se equivocaron todas las encuestas y la mayor parte de los analistas (autor incluido), entonces Trump saldrá fortalecido y empoderado, y dada su conducta hasta ahora, y sus tendencias personales, llevará al país muy cerca de lo que solo puede describirse como una autocracia.

¿Hasta qué punto Trump querrá prepararse para un escenario adverso? Es una pregunta válida porque el hombre es famoso por vivir en una burbuja, en una realidad de su propia creación. Él seguramente cree firmemente que los demócratas saldrán derrotados, porque después de todo, ya lo hizo una vez, y su descomunal ego le impide ver el peligro en el horizonte.

Por lo pronto, las noticias diarias siguen favoreciendo a los demócratas. Trump y su partido están defendiendo a capa y espada la nominación de juez Brett Kavanaugh a la Suprema Corte de Justicia. El juez está metido en una controversia porque la Dra. Christine Blasey Ford lo acusa de intento de violación hace 36 años. Los republicanos tienen la capacidad y los votos para confirmar la nominación, pero si lo hacen sin darle un trato justo y respetuoso a la Dra. Ford, estarán confirmando a un juez altamente cuestionado e impopular, en un año en que los derechos de las mujeres han sido tema de debate nacional desde que Trump tomó posesión. Este tema se reflejará en las urnas – cada vez es más difícil encontrar mujeres dispuestas a defender o justificar a Trump.

En algún momento, alguien le hará ver a Trump el peligro que corre. Y, como su primera prioridad siempre ha sido salvar el pellejo propio, tendrá que tomar medidas tajantes para, por lo menos, intentar detener o cerrar la investigación de Robert Mueller, que empieza por los lazos de su campaña con Rusia, pero que puede terminar con delitos financieros, civiles y vaya Ud. a saber qué más, que podrían causar no solo su destitución, sino la quiebra de sus negocios y unos años en prisión para él y sus hijos.

Rod Rosenstein, subprocurador general y responsable de la investigación Mueller, además de blanco constante de ataques en tuiter del Presidente, le dio a Trump la excusa perfecta para despedirlo. El New York Times publicó unos comentarios de Rosenstein hechos a principios de 2017, donde sugiere, de manera sarcástica, grabar al Presidente, y donde habla de la posibilidad de destituirlo a través de la enmienda 25 a la Constitución. Parece que el diario sacó de contexto los comentarios, pero el daño está hecho. Esto se dio a conocer apenas el viernes, pero el esperado despido fulminante no se produjo. La semana que hoy empieza será crítica.

¡Abróchense los cinturones!