Por Eliott Valdez Montaño

Quizá usted como yo recuerde que en nuestros tiempos de estudiantes de primaria se nos enseñó que la Conquista de México fue uno de los períodos históricos más dolorosos en la historia de nuestro país: la destrucción de un imperio creado a la luz del descubrimiento de un águila sobre un nopal devorando a una serpiente, que se destacó por su estructura de gobierno, estrategias militares, cultura, tradiciones y demás elementos que cayeron bajo el yugo de la corona española, con la participación de la iglesia católica como coautora de esta caída.

La llegada de Hernán Cortés en 1519 y las campañas militares del imperio ibérico dejaron millones de muertos, no solo por las guerras y las masacres, sino también por las enfermedades que los españoles trajeron a nuestro país. Fueron millones de indígenas que sucumbieron ante el sarampión, la viruela, varicela, salmonella y otros males cuyos remedios y tratamientos para recuperarse de los mismos fueron descubiertos siglos después.

Nadie, absolutamente nadie puede negar el horror que la Conquista dejó al exterminar gran parte del origen de nuestra nación; como tampoco se puede negar que el período colonizador dejó cuestiones positivas, como nuestro idioma; sin embargo, no podemos evadir que durante 300 años este país vivió como una colonia sujeta a la voluntad de un imperio y de una religión.

Por tal motivo, llama la atención la petición hecha por el presidente Andrés Manuel López Obrador al rey Felipe VI de España para que ofrezca disculpas a nuestro país por las “violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos. Hubo matanzas, imposiciones de la llamada Conquista se hizo con la espada y la cruz”.

De inmediato, el gobierno español tuvo que responder ante esta información que se hizo pública, lo cual fue “lamentable”, según un comunicado de la oficina del presidente Pedro Sánchez; pero además, indicó que la petición del mandatario mexicano era rechazada con firmeza, dado que “la llegada, hace quinientos años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas”.

La realidad es que, día tras día, nos encontramos con intentos del gobierno mexicano, por darle alta prioridad a situaciones y acontecimientos que en este momento no lo deberían ser. Se entiende, sin duda, que los indígenas mexicanos han sufrido desde hacer 500 años del abandono, del desdén, de la discriminación, tanto del imperio español, como también de nuestra propia sociedad; pero, ¿qué ganaría nuestro país si el rey Felipe o el papa Francisco (a quien también le mandó una misiva similar) se disculpan?

López Obrador, como cualquier gobernante pasado o futuro, le haría un gran favor a nuestros indígenas si garantiza mejores condiciones para este sector social, las heridas que dejó la Conquista no se van a resolver con disculpas, sino con acciones concretas a favor de nuestros antepasados. Con esto no se busca minimizar lo ocurrido hace 500 años, pero prioridades son prioridades, y ante la realidad que vive nuestro país el gobierno no se puede distraer en estas cosas, por lo menos no en este momento.