Por Eliott Valdez Montaño

Este domingo 26 de abril se llevó a cabo el primer encuentro entre candidatos a la gubernatura de Baja California, y se le denomina así porque eso fue, no el concepto que se nos vendió, que fue el de debate.

Los cinco candidatos que acudieron a esta reunión cumplieron con su papel a secas, en un formato que, a pesar de que se hizo un esfuerzo por asemejar lo registrado en los debates presidenciales de 2018, no fue suficiente, porque los protagonistas fueron muy cuadrados, en ningún momento salieron del guión que tenían preparado para el encuentro.

La ausencia de Jaime Bonilla, candidato de la coalición Juntos Haremos Historia fue muy notoria, tanto así que el hecho de no presentarse dejó sin armas a sus contrincantes, pareciera incluso que al no ir, Bonilla gana, porque los candidatos tuvieron que irse al guión, al acartonamiento, al titubeo, al plan B… por que el A era tenerlo enfrente para dispararle cuanto misil se encontraron.

Un Óscar Vega que trató por todas las vías de desligarse de la actual administración estatal, que trató de ser ameno y directo, pero la realidad es que fue el primero que no se salió del libreto (frases como “Amigos bajacalifornianos”, “yo como padre de familia…” y otras más) que formaron parte de un discurso cuadrado.

Jaime Martínez Veloz, serio, sereno, muy formal, quizá tanto que cayó en la monotonía, presentó algunas propuestas, pero se miraba cansado, rompía con el dinamismo que debe caracterizar a estos encuentros para que el elector no pierda su atención.

Enrique Acosta Fregoso, del PRI, quien al igual que el perredista mostró mucha seriedad, se vio también cansado, mal asesorado en cuanto al formato de debate, el hecho de mirar a otra cámara diferente al que lo enfocaba, errores técnicos que tienen mucho que ver.

Desde la perspectiva de quien escribe, Héctor Osuna Jaime, de Movimiento Ciudadano e Ignacio Anaya Barriguete, del PBC, fueron los que trataron de romper el molde de los debates acartonados, ya que sus participaciones fueron más dinámicas y amenas, pero no nos confundamos, eso no quiere decir que sus propuestas, si es que hubo, fueron las mejores.

La moderación de Adela Navarro y Fernando del Monte se vio opacada por errores técnicos o de logística; en el caso de la subdirectora del semanario Zeta, muchos podrán criticar su posible protagonismo al interrumpir de manera constante a los candidatos; sin embargo, solamente así se podría cortar de tajo el rollo o las ambigüedades en las que caían los aspirantes.

Todavía hay dos oportunidades: el 12 de mayo en Mexicali y el 26 de mayo en Ensenada. Ojalá el Instituto Estatal Electoral revise bien los formatos de los próximos debates, porque en este caso quedaron a deber, quisieron hacer lo mismo que en 2018 y sinceramente, les falló.