El dinero sí es la vida

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

No solo la pobreza extrema, también las limitaciones económicas temporales, disminuyen la capacidad cognitiva, lo cual orilla a tomar decisiones, calificadas por el resto, como tontas o autodestructivas (“Poverty impedes cognitive function”).

Si no vamos a mejorar las condiciones laborales, si los malos sueldos contarán con la bendición de las autoridades, si tampoco tomaremos en serio el ingreso básico universal, es decir, otorgar dinero por igual a todos los mayores de edad sin distingo de clase social, al menos, aceptemos el impacto de la desigualdad, eso sería un buen comienzo.

Porque incluso en el plano emocional, no todos son fuertes de espíritu ni resilientes (“Resilience isn’t the same for all…”) pero sí, todos merecen la oportunidad de salir adelante, potenciar sus talentos, aunque para ello, se requiere de la comprensión, del apoyo social. “El entorno social de uno, puede moderar la vulnerabilidad genética al estrés (porque) el rechazo y la soledad, activan muchos de los mismos sistemas neurobiológicos asociados con las amenazas físicas y el miedo” (“Why are some individuals more resilient than others: The role of social support”).

La Asociación de Sicología de Norteamérica (APA, es su sigla en inglés) considera la adaptación exitosa a experiencias difíciles, algo posible para todas las personas, no obstante, para lograrla, entre otros tantos factores involucrados, uno de los más importantes es, la disponibilidad y calidad de los recursos sociales.

Cuando falta el dinero, ocurre una especie de agotamiento del ancho de banda mental, un impacto cognitivo, equivalente a privarse noches completas de sueño. Las cosas pueden agravarse, hasta el punto tal de reflejarse en agresiones físicas, negligencia, abuso sexual, como puede leerse en notas periodísticas (“Work, welfare and child maltreatment”).

Vivimos acostumbrados a ver al éxito como resultado del talento individual, del mucho esfuerzo, del estudio empeñoso, pero, lo invisible tras cada historia triunfante, es la suerte, en forma de genética o de relaciones privilegiadas. Al aplaudir los triunfos de una persona, cerramos más la puerta para el ingreso de nuevos ganadores, porque talento existe en cualquier estrato.

El mejor empujón es la comprensión, para entonces, a partir de ahí, desarrollar un ambiente libre de prejuicios, señalamientos, limitaciones. El dinero no es tan solo vanidad, también puede ser la diferencia entre una vida funcional y otra llena de conflictos, con repercusiones para toda la sociedad.

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