El rompimiento con las clases medias

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Por Fernando Núñez de la Garza Evia



El pasado domingo 26 de febrero las clases medias salieron –por segunda ocasión– a protestar masivamente en contra de la reforma electoral del presidente Andrés Manuel López Obrador. Acto seguido, el presidente declaró en su mañanera que la marcha era realmente pequeña “para lo que representa el potencial conservador de México, simpatizantes del conservadurismo deben de ser como 25 millones de ciudadanos”. Las clases medias, aquellas que ayudaron a llevarlo al poder, finalmente rompieron lanzas con el presidente. Las consecuencias serán significativas.

Las clases medias aprecian, sobre todas las cosas, la estabilidad. Muchas de las grandes revoluciones provienen de peleas intestinas entre las élites y la movilización de las masas campesinas y obreras, pero no de la movilización de las clases medias. Existen algunas excepciones, como las revoluciones europeas de finales del siglo XVIII y mediados del XIX, que fueron impulsadas por la burguesía para quitarle privilegios a las clases aristocráticas. Sin embargo, cuando los movimientos de campesinos y obreros pidieron mayor participación política, las clases medias se aliaron con aquellos regímenes dispuestos a proteger sus bienes y propiedades, fuesen democráticos o autoritarios. Como decía el poeta alemán Heinrich Heine, la clase media está “motivada por el miedo”. Es, efectivamente, una clase esencialmente conservadora.

Las clases medias mexicanas nunca estuvieron en la mente del presidente López Obrador. Para comenzar, eso representa un problema electoral, ya que había alrededor de 47 millones de mexicanos, o 15 millones de hogares, considerados de clase media en 2020. No resulta raro entonces que López Obrador no haya rebasado su techo de votación de 15 millones hasta 2018, al obtener 35 millones de votos. Esos sufragios vinieron de las clases medias mexicanas, y muy comprensiblemente. Primero, por los pocos resultados obtenidos durante los tres gobiernos anteriores. Segundo, porque López Obrador cambió de estrategia electoral: mientras que en 2006 y 2012 excluyó a numerosos segmentos de la sociedad mexicana, en 2018 se fue al otro extremo: les abrió la puerta a todos.

Sin embargo, como dirían los antiguos griegos, si quieres conocer a un hombre, dale poder. Con la llegada a la presidencia de la República y el enorme poder obtenido, solo fue cuestión de tiempo para que AMLO demostrara su desprecio a la clase media mexicana. De esperarse porque, como comentado, la clase media atesora la propiedad privada, anhela mejores condiciones de vida, y desea conservar las instituciones que le dan voz y voto. Las políticas económicas y electorales de AMLO van en contra de todo eso: “aspiracionista”, “sin escrúpulos morales”, “partidarios de que ‘el que no transa, no avanza’” les ha vociferado.

Cabe preguntarse, ¿puede alguien amar a su país mientras detesta a las clases medias, a decenas de millones de sus compatriotas? Sea como sea, por las políticas y palabras de AMLO, queda claro que el presidente de la República no aspira a un México más desarrollado y democrático. Y, como la clase media se interpone en su camino, también le ha declarado la guerra.

@FernandoNGE
fnge1@hotmail.com

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