Por Rubén Cortés

El gobierno populista de Venezuela está dando una lección a su antiguo aliado, el populista y ex candidato presidencial de Colombia, Gustavo Petro, quien osó criticar a Nicolás Maduro y éste le mandó un mensaje al más puro estilo del bajo mundo: recuerda que nos pediste lana, eh.

Íntimo amigo y asesor de Hugo Chávez, ex alcalde de Bogotá y actual congresista, Petro comentó que, así como en Venezuela, en Colombia también quieren meter presos a los estudiantes y criminalizar la protesta social.

Fue sólo en su cuenta de Twitter, pero a sus aliados venezolanos les cayó en la punta del hígado y enseguida salió el segundo al mando en la dictadura, Diosdado Cabello, quien era teniente cuando participó con Chávez en el intento de Golpe de Estado de 1992 a Carlos Andrés Pérez:

“Mira Petro, cómete tu dulce tranquilito y no te metas con Venezuela. Para acá viniste a pedir apoyo para tu campaña y resulta que ahora los chavistas te hieden. Por eso es que perdiste, porque los pueblos desprecian a los cobardes que no asumen responsabilidad”.

Es decir: Petro ya no es amigo de la dictadura porque únicamente hizo a ésta un señalamiento que, en especial, fue para moverse dentro la grilla interna de su país que por criticar a su madre nutricia de la política que es la Venezuela chavista.

Pero el programa que presentó Petro en la reciente campaña presidencial fue absolutamente chavista, con una copia la Propuesta del Candidato de la Patria para la Gestión Bolivariana Socialista 2013-2019, en un evidente programa de estatización de las áreas estratégicas del país.

Incluso, hasta casi calcado en el apartado del enfrentamiento a los medios de comunicación para frenar las críticas y “la regulación social de los medios de comunicación como herramienta para el fortalecimiento del poder popular, promoviendo e impulsando un Sistema Nacional de Comunicación Popular”.

En cambio, una sencilla crítica causó el iracundo desprecio del chavismo. “Lo mejor para Colombia fue que ganara la presidencia Iván Duque y perdiera este señor Petro”, dijo Cabello. Así se las gastan entre populistas. O, más bien, siempre se las han gastado así.

En El libro de la risa y el olvido, Milán Kundera cuenta cómo, en febrero de 1948, aparece en una foto el líder comunista checoslovaco Gottwald, rodeado de sus camaradas y, como nevaba, uno de éstos, Clementis, se quitó su gorro de pieles y lo colocó en la desnuda cabeza de Gottwald.

Después, Clementis fue acusado de traición y ahorcado. Gottwald se apresuró a borrarlo de la historia y, en la legendaria foto quedó vacío el espacio que ocupaba Clementis. En ese mundo de ideología torcida, los amigos dejan de serlo en un tris.

Ojo, eh. Ojo.