Por Eduardo Navarro González

Creo que a todos los mexicanos nos queda claro que la nueva política migratoria del presidente López Obrador procura, en todo sentido, privilegiar y resguardar los derechos de migrantes de cualquier parte del mundo siempre y cuando atiendan y cumplan las leyes que rigen en México.

Se oye razonable pero esa es una parte de la historia que estamos viviendo en el continente americano porque los “coletazos” por abrir nuestras puertas de par en par impactan negativamente y en primera instancia a las entidades receptoras, más en el norte del país por el imán que representan los EU afectando así las relaciones binacionales entre México y Estados Unidos y que ahorita, al menos en cuanto al uso de garitas para el comercio exterior, es un viacrucis que cuesta millones de dólares diarios.

La otra parte del devenir migratorio en México quizá se entienda por lo que han dicho en diversos espacios públicos Alejandro Encinas, Subsecretario de Derechos Humanos, Población y Migración, y Tonatiuh Guillén, titular del Instituto Nacional de Migración, ambas instancias dependientes de la Secretaría de Gobernación que encabeza Olga Sánchez Cordero.

En términos generales y así se capta, hay la firme intención del gobierno de López Obrador de seguir dejando que lleguen migrantes extranjeros de Centroamérica, África, Asia o Europa y para ello ya se entregan permisos de estancia en México en lugares de origen como El Salvador y Honduras y formar con ello una zona común socio-económica centroamericana para aprovechar la mano de obra migratoria para la construcción del Tren Maya…por ejemplo.

Mientras, en el norte del país habrá que acostumbrarnos, dice Encinas, a la migración extranjera que será sin duda parte de nuestra vida cotidiana; además de que ya son más los mexicanos que quieren regresar de los EU a México que los que se quieren ir, además de que por otra parte, la petición de asilo a los EU puede funcionar mejor a los interesados cuando se presentan como familia, lo que explica la inusual presencia de padres e hijos (inclusive en brazos) para tratar de cruzar como sea y se pueda a los EU y eso lo saben perfectamente las bandas internacionales que trafican personas.

No habrá represión para ninguna caravana “madrecita”, como la calificó recientemente Sánchez Cordero, que quizá ya piense como prepararles a los migrantes extranjeros (no a los pobres ni repatriados mexicanos) una nueva “Navidad en tu casa”, como sucedió en diciembre pasado…

Y por si fuera poco todo eso en materia migratoria, también viene una nueva “camada” de leyes que permitan garantizar los derechos sexuales y reproductivos de toda persona que esté en México…

A buen entendedor pocas palabras… y si algo tenemos que hacer en Baja California es prepararnos para recibir más extranjeros y…muchos más mexicanos que ya no quieren estar en los EU, según Encinas. ¿O no?…