¿Hamburguesas para todos?

by linaresvillamild@gmail.com
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Por Víctor Martínez Ceniceros



Un trabajador de una famosa hamburguesería transnacional, en Mexicali, gana 12 mil pesos al mes. La maestra de primaria de un prestigioso colegio privado, gana 9 mil, es decir, el salario mínimo. Necesitamos discutir esto.

Quien hace comida rápida, merece cada peso depositado en su cuenta de nómina: Tiene una jornada de trabajo físico extenuante, porque hacer comida, limpiar, cansa, tratar con clientes necios, niños gritones, jefes agobiantes y alguno que otro compañero tóxico, aún más, sin embargo, al final de su jornada, todo puede olvidarse hasta el día siguiente.

Un docente, en especial en educación básica, atraviesa casi el mismo proceso estresante, salvo que la tarea sigue en casa. Es imposible desconectarte de los grupos de whatsapp, de los mensajes de padres necios, quienes creen que pagar colegiaturas, los libera de las responsabilidades de criar a sus hijos, quienes prefieren ignorar que la enseñanza-aprendizaje es un trabajo de equipo. Los directivos, dueños de colegio, sin criterio, también juegan un papel destructivo.

Ambos trabajos son dignos, con la pequeña diferencia de que la docencia debería ayudarnos a potenciar talentos. Para destrabar los problemas operativos de la ciudad, necesitamos con urgencia, ingenieros ingeniosos, también ocupamos docentes capaces de enseñar a pensar, a desarrollar la creatividad.

Pero, esos docentes deberían estar tan bien pagados, tan bien tratados, reconocidos, como lo merece esta labor, como ocurre en otros países del mundo, cuyo ejemplo buscamos imitar. Sí, las escuelas particulares son negocio, pero no de cualquier tipo, aunque en la práctica, algunos de sus propietarios se comporten como si estuvieran vendiendo comida, o chácharas, pero no tan buena onda, como los de la hamburguesería de los 12 mil pesos.

Es sencillo poner una escuela, en especial cuando tienes la certeza de que tu materia prima, en este caso, los docentes, sobra, está urgida de un trabajo.

Una escuela de calidad, no es la que mantiene a los estudiantes, muchas horas en sus instalaciones, ni quienes orillan a machetear datos, memorizar, ni ganar muchos concursos, sino quien consigue sacar lo mejor de TODOS sus alumnos, no solo de los genéticamente bendecidos con un don, socialmente reconocido.

Para tener un desarrollo óptimo en la ciudad, se necesitan personas con pensamientos alternos, ideas distintas con sustento, no ocurrencias, atrevidos que cuestionen el sistema actual, pero con la idea de mejorarlo, y eso, pomposamente llamado pensamiento crítico, debería ser el tema central de todo plan de estudios, porque hasta para hacer innovaciones en la comida, se requiere chispa, no solo mucha voluntad, dinero, ni habilidad para los negocios.

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