Por Francisco Garfias

¿Qué habría ocurrido si Enrique Peña hubiese ido a cenar con Jared Kushner, suegro de Trump, a la casa de Bernardo Gómez, alto ejecutivo de Televisa? ¿No estarían hablando los fans de AMLO de un complot en lo oscurito de “la mafia en el poder”?

La pregunta va dirigida a los partidarios de López Obrador, que en su gran mayoría se han quedado callados frente a la sorpresiva cena del Presidente con el yerno más famoso. Apelo a su honestidad a la hora de responder.

Kushner vino a México en representación de Donald Trump. Habló con el tabasqueño sobre la posible firma de entendimiento para impulsar la cooperación con el propósito de que haya inversiones, que se creen empleos y que se impulse el crecimiento económico no sólo de México, sino también de los países centroamericanos, según el propio López Obrador.

El Presidente confirmó que la cena fue en la casa de “un amigo en común”, Bernardo Gómez. Se prolongó hasta las 10 u 11 de la noche. Estuvieron presentes, además, el canciller Marcelo Ebrard, y el encargado de negocios de la embajada de Estados Unidos, puntualizó.

Me queda claro que entre las tareas de un jefe de Estado está la de buscar la mejor relación con los gobiernos de otros países, principalmente con los vecinos, aún cuando el suegro del visitante nos haya calificado de “violadores”, “animales”, “delincuentes” , “traficantes” y todas las lindezas que ya sabemos.

La idea es destacar el doble criterio, la doble moral, que aplican los seguidores de la 4ª T en las “benditas” redes sociales.

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La CNTE impuso ayer su Ley. Evitó que se dictaminara, en comisiones, la Reforma Educativa.

Sus huestes impidieron que sesionaran las comisiones unidas de Educación y de Puntos Constitucionales en San Lázaro, primero, y en el Senado, sede alternativa, después. En ambos casos bloquearon entradas y salidas. Nadie entra, nadie sale. Todos rehenes.

Quieren el control de los recursos, el reparto de plazas, la decisión sobre las promociones en el magisterio; la derogación total de la Reforma de EPN. En otros palabras, exigen la rectoría de la Educación, los “acuerdos a la antigüita…”.

Quieren reunirse con AMLO. Eso dijeron. ¿El presidente los dejará hacer? ¿Morena cederá? Seguros estamos que no cederá al chantaje. Hay coincidencia en que de ninguna manera se regresará a las prácticas y privilegios de antaño.

“No podemos regresar sistemas corruptos, corruptores y clientelares”, dijo Juan Carlos Romero Hicks, coordinador de la bancada del PAN en San Lázaro.

Coincidieron, palabras más, palabras menos, Mario Delgado, jefe de la bancada de Morena; Tonatiuh Bravo, del MC; Verónica Juárez, del PRD.

No les viene el saco de “traidores al pueblo” que les endilga la Coordinadora.

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Ya no hay reversa. El PES, de corte evangelista, aliado de AMLO en las pasadas elecciones, perdió definitivamente el registro.

“Queda claro que no alcanza la representación ciudadana necesaria, al no tener suficientes votos por sí mismo en las pasadas elecciones federales, sino por mayoría relativa”, explicó el magistrado Felipe de la Mata.

Para mantener el registro, un partido debe obtener el 3 por ciento de los votos emitidos en cualquiera de las tres elecciones: la presidencial, de diputados, de Senadores.

Encuentro Social alcanzó 2.78 por ciento la presidencial, su porcentaje más alto en las tres.

Una de las magistradas más contundentes al referirse a la pérdida del registro del PES fue la ex presidenta del TEPJF, Janine Otálora: “No se puede ganar en tribunales, lo que no se ganó en las urnas”.

Junto con el PES se cayeron las especulaciones de que el presidente de la República había metido las manos en el tribunal, para que sus aliados mantuvieran registro y prerrogativas.

Pero nanay.

FIN.