Por Odilón García

TIJUANA, NOVIEMBRE 12, 2019.- No hace falta ser especialista en geopolítica para saber que la presencia de Evo Morales traerá problemas a México con nuestro vecino incómodo los Estados Unidos.

La tesis se sustenta no sólo en lo evidente (somos un país próximo a la potencia imperialista mundial encabezada por el presidente más radical que ha tenido en su historia los Estados Unidos, Donald Trump) sino por lo que para Latinoamérica representa Morales, un anti Yanky que bajo esta premisa de “lucha” contra los intereses extranjeros, particularmente en temas energéticos de los Estados Unidos (petróleo) logró ganar elecciones en su natal Bolivia para convertirse en el primer indígena Aymara en ocupar la altísima representación de la presidencia bolivariana.

México cambió su modelo socio económico hace un año, con el ascenso del presidente López Obrador quien se ha definido como un social demócrata que a diferencia del PRI impulsa hoy un gobierno de desmantelamiento de las estructuras que soportaron un sistema más capitalista que neoliberal; nuestro país enfrenta una serie de turbulencias y cambios radicales que diariamente son difundidos en una “conferencia mañanera” que tiene como principal objetivo el mantener comunicación entre el pueblo nacional mexicano y el presidente de México.

En medio de las turbulencias nacionales generadas por el “control del dinero nacional”, que ha dejado a muchos políticos en la miseria (acostumbrados a la opulencia que les dejó por años la inercia política de encabezar un puesto en un sexenio y luego caer en otro en el siguiente); en medio de una transformación de la maquinaria y el sistema de administración en México; en medio de una severa crisis de seguridad y asesinatos que ponen en jaque la coordinación militar y la nueva Guardia Nacional; en medio de una batalla internacional por la aprobación del nuevo Tratado Comercial, donde el ventajoso Trump busca arrodillar al país para que le dejemos espacios que ya habíamos conquistado en aranceles y exportaciones; en medio de una crisis del petróleo, una indefinición en este 2019 (si nos conviene tener o no una refinería) luego de que el mundo está volteando a energías renovables y limpias; en medio de un malestar generalizado por la falta de seguridad en pensiones futuras y serias proyecciones que nos dicen que no funcionarán las afores, como no funcionaron en otros destinos en el mundo; en medio de un desgaste de los medios serios de comunicación, en un permanente bullying nacional; en medio de una crisis de justicia, con un “nuevo” sistema que no alcanza a acentuarse en el país y por falta de recursos así como de seguimiento genera impunidad; en medio de una polarización nacional y odio en redes sociales llega Juan Evo Morales Aymá.

Hasta este 12 de Noviembre, hasta el momento Trump no ha enviado ninguno de sus mortíferos twitts para descalificar a México que, dicho sea de paso, en pleno ejercicio de sus derechos otorgó asilo al ex presidente boliviano Evo Morales.

Pero lo hará!.

Por lo pronto celebró, a pregunta directa de periodistas, la salida del líder de izquierda que logró reelegirse en cuatro ocasiones y esta salida le permitió ahora amenazar a otros regímenes como Venezuela y Nicaragua:

“La renuncia ayer del presidente boliviano Evo Morales representa un momento significativo para la democracia en el Hemisferio Occidental (…) una fuerte señal para los regímenes ilegítimos en Venezuela y en Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecen”, expresó Trump a través de un comunicado.

La geopolítica nos enseña que los grandes argumentos de todo un país, no suelen tener el mismo valor para otro, simplemente por el sitio que esos países ocupan en el mundo.

Es el caso de México que tiene una serie de variables que lo hacen ser un país que está obligado a orientar su brújula en relación al espacio donde nos encontramos y ese espacio está ligado, pegado, amarrado, como guste decirlo, a Los Estados Unidos. Somos un país de paz, soberano, con una altísima influencia estadounidense, que se refleja en los negocios, la cultura, la política nacional e incluso en la forma de pensar, sobre todo en el norte de la República.

A esta realidad geopolítica llegó esta mañana uno de los más identificados enemigos de Estados Unidos, para vivir en México y como lo dijo al bajar del avión (donde el canciller, Marcelo Ebrard lo tomó de hombros para sonreírle y acto seguido tocarle el rostro con la mano derecha y acogerlo con un abrazo para la foto) “llegamos aquí sanos, gracias a México… mientras tenga la vida… seguimos en política… mientras tenga la vida… sigue la lucha…”

Y esa lucha del indígena boliviano contra el imperialismo, se realizará en México:

”Somos anti imperialistas, no por este golpe voy a cambiar ideológicamente”, concretó.

No creo que Trump se quede con los brazos cruzados, y si lo ha hecho hasta el momento es porque coyunturalmente el juicio político, el “impeachmet” es lo que lo mantiene ocupado en su carrera por la reelección pero esta estrategia demócrata, no es eterna.

Tiempos complejos, negros nubarrones se aproximan, leo en mi bola de cristal.