Las letras empoderan

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martìnez Ceniceros

Las primeras mujeres empoderadas, es decir, aquellas que, por su cuenta, superaron a su esposo o familia en reconocimientos, ganando dinero por su trabajo, surgieron de la literatura. Unas, en el siglo XVII, otras tantas, en el siglo XIX (“Herstory: The rise of self made women”).

Aquí en Mexicali contamos con escritoras talentosas como Malibé Rosas o Zulma Rodríguez, quienes cumplen una función valiosa en la agenda feminista, impartiendo talleres, pláticas, cursos. La autoridad debería tomar con seriedad, la tarea literaria, como una herramienta para disminuir la brecha de género, que tiene en la violencia hacia la mujer, la parte más complicada.

Sin duda, ha habido avances, como el caso de la presencia de mujeres en la gobernanza o en posiciones de poder político-administrativo, pero no al ritmo ideal. Para darnos una mejor idea de la lenta evolución, tras la muerte de Catalina La Grande, en 1796, Europa tuvo que esperar casi dos siglos para contar con la siguiente mujer gobernante, Margaret Tatcher, en 1979.

Resulta comprensible, que sean las agresiones a la mujer, lo que más llame la atención a la prensa, a la sociedad. El inconveniente llega cuando se pretende tomar una consecuencia, en este caso, los ataques, como si en realidad, ese fuera ese el problema.

A la mejor por eso, la alerta de violencia de género, no funciona como se supone debería hacerlo, porque la conciencia colectiva se da por bien servida cuando un feminicida es refundido en la cárcel, no cuando el piso para las mujeres es igual de parejo que el de los hombres. Lo impactante, roba la atención de lo importante.

Todo esfuerzo inclusivo debe iniciar con el reconocimiento del problema, en este caso, las señales apuntan a que muchos, ven a la mujer como inferior, por eso les resulta fácil pagarles menos o pegarles más. También, aceptar que de por sí, la inequidad es un asunto que afecta a muchos sin distinguir género, en el caso de la mujer, la cosa puede empezar a torcerse desde el hogar, cuando papá utiliza un estilo de crianza diferenciado en la infancia, lo que lleva a las mujeres, ya adultas, a adoptar un rol de sumisión ante el hombre (“Child gender influences paternal behavior, language and brain function”).

Si bien la literatura fue la puerta de entrada al empoderamiento femenino, y debería seguir siendo tomada en cuenta, fortalecerla, ampliar su cobertura, también tendría que ser considerada, cualquier actividad constructiva, que fortalezca la autoestima de la mujer.

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