Loquitos

by linaresvillamild@gmail.com
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Todo gobierno necesita contrapesos, por más simpático o brillante que sea su titular, porque el poder sin control tiende a volver loquito al político.

De hecho, parte del momentáneo éxito del gobierno federal -digo, aún no acaba el sexenio, pero hasta la fecha, el Presidente lo está haciendo mejor de lo que el más optimista de sus seguidores, lo habría imaginado- se debe al control de la oposición, en forma de prensa no servil, partidos políticos, o de instituciones, que para eso están, como el Poder Judicial.

Loquito no es peyorativo, sino una manera de resumir en un término, lo que sucede cuando un gobernante pierde el piso, la dimensión de la realidad o el límite de sus alcances, gracias al ejercicio del poder sin medida. Loquito no está relacionado con los trastornos de salud mental, porque ese es otro asunto, uno muy serio.

Las observaciones, son potencialmente buenas para el político, si sabe cómo manejarlas, si es capaz de hacer ajustes, sin necesidad de reconocer públicamente su equivocación, o de aceptar el manejo erróneo de una situación dada. Para ello debe predominar la cordura, independiente de si los señalamientos son justos, realistas, imprecisos o incluso falsos.

El político no debería tomarse nada personal, mucho menos aplicar represalias, ya que según la Suprema Corte Justicia de la Nación (SCJN), está obligado a soportar los señalamientos. El cuaderno de jurisprudencia de la SCJN, titulado “Libertad de expresión y periodismo”, expone:

“… las personas que desempeñan o han desempeñado responsabilidades públicas, así como los candidatos a desempeñarlas, tienen un derecho a la intimidad y al honor con menos resistencia normativa general que el que asiste a los ciudadanos ordinarios” porque el debate en temas de interés público «debe ser desinhibido, robusto y abierto, pudiendo incluir ataques vehementes, cáusticos y desagradablemente mordaces sobre personajes públicos o, en general, ideas que puedan ser recibidas desfavorablemente por sus destinatarios…”.

Es bueno siempre tener en mente, que los políticos en el poder tienen más ventajas que cualquiera de nosotros: Ganan mucho dinero por sueldos, sobresueldos, compensaciones, tienen acceso a relaciones privilegiadas que pueden garantizar su futuro, estableciendo negocios lícitos, además, por si fuera poco, poseen protección de la justicia.

Al final de cuentas, esto no se trata de una lucha entre buenos contra malos, sino de esfuerzos que buscan un funcionamiento óptimo de la maquinaria gubernamental, lo suficiente como para garantizar una vida armoniosa, tranquila, para millones de mexicanos.

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