Por Francisco Garfias

El de Andrés Manuel López Obrador es el gobierno de las “mañaneras”; el de la 4T, el de la Presidencia itinerante, el más popular que ha tenido México desde, quizá, Lázaro Cárdenas.

El gobierno que ayuda a los pobres, fustiga a los corruptos, combate al huachicol, el que le quitó la pensión a los expresidentes y bajó los salarios a la alta burocracia.

El que abrió Los Pinos al público en general; el que inspira, hasta ahora, mayor confianza en los consumidores.

El que polarizó a la sociedad mexicana: chairos vs. fifís.

El de “me canso ganso”.

Pero también el de las consultas “patito”; el que canceló las estancias infantiles y buscó entregar, directamente, los recursos destinados a las mujeres golpeadas para no tener “intermediarios”.

El que impuso una popular ley que impide a los funcionarios ganar más de los 108 mil pesos que él cobra mensualmente, lo que ha provocado fuga de talentos hacia el sector privado y la consecuente improvisación.

El que, unilateralmente, dejó sin trabajo y sin ingresos a decenas de miles de burócratas “de confianza”, muchos de los cuales se fueron sin liquidación.

El que detesta los órganos autónomos y las “grillas”; el que no transparenta todos sus gastos y compras (ojo con las pipas); el del fiscal y la (próxima) ministra carnal.

El que, pasivamente, dejó que los morenos abuchearan a los gobernadores de oposición hasta que se le volteó el numerito y paró a sus seguidores; el que canceló el aeropuerto en Texcoco sin escuchar razones y a un costo mínimo de 100 mil millones de pesos.

El que renunció al uso de la fuerza para desalojar a los maestros de la CNTE que bloquearon casi un mes las vías férreas en Michoacán, a costo de mil millones de pesos diarios, según la Concamin.

Llevamos 101 días de gobierno. Tres meses, once días que nos han dejado claras las prioridades de López Obrador.

El hombre no engañó a nadie. Su frase “por el bien de todos, primero los pobres” la ha plasmado en acciones y programas que favorecen a los olvidados.

Los ninis –el término no le gusta—, viejitos, discapacitados, indígenas, madres solteras y los afectados por los sismos reciben más ayudas que nunca.

Y más: cada familia que viva cerca de los ductos, en 91 municipios de diversos estados, recibirá entre seis y ocho mil pesos mensuales para que dejen de robar el combustible.

Una gran reserva de votos para los comicios que se avecinan.

Los programas de Bienestar Social serán financiados vía la “eliminación” de la corrupción, la austeridad republicana, los ahorros que se logren con el combate al huachicol, dice el Presidente.

“Es un timbre de orgullo que se destinen este año más de 300 mil millones de pesos del presupuesto público a mejorar las condiciones de vida y trabajo de la gente más humilde y pobre de nuestro país”, dijo ayer en su mensaje de los 100 días de gobierno.

El acto se llevó a cabo en Palacio Nacional. Fue igualito a los que hacían Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, sólo que cada año. Un auditorio proclive al aplauso, entregado de antemano.

En el patio de Palacio, apenas con un toque de pluralidad que le dieron algunos gobernadores que no son de Morena y poderosos empresarios. No había líderes de partidos ni legisladores de la oposición. La pluralidad no es lo suyo.

Aunque ayer aseguró que “la Presidencia de la República no tiene partido ni privilegia a dirigentes o representantes de sindicatos, organizaciones sociales o grupos de intereses creados”, la realidad es otra.

Dos talones de Aquiles tiene la Cuarta Transformación: la inseguridad y la economía. AMLO reconoció ayer, en su mensaje de los 100 días, que no ha reducido la delincuencia. Tampoco la violencia. No pasa un día sin que nos enteremos de matanzas masivas o, como se dio a conocer el domingo pasado, del secuestro de 19 personas que viajaban en autobús en el estado de Tamaulipas.

Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública reflejan que los homicidios dolosos van al alza. Se cometen cuatro cada hora, 94 por día. Entre el primero de diciembre y el 31 de enero fueron asesinadas cinco mil 699 personas, la mayoría con armas de fuego.

El arsenal jurídico para enfrentar la delincuencia ya lo tiene.

Se han realizado modificaciones a la Carta Magna para aplicar la Ley de Extinción de Dominio a corruptos y delincuentes; ampliar el catálogo de delitos que ameritan prisión preventiva oficiosa a robo de combustible, corrupción y delitos electorales, entre otros.

Pero también para elevar a rango constitucional la presencia de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad pública durante cinco años; y crear la Guardia Nacional, un híbrido cívico-militar.

El Presidente se niega a admitir que la economía no camina bien, a pesar de que la mayoría de los indicadores está en amarillo. En su mensaje de ayer, se atrevió a pronosticar que México será “una potencia económica con dimensión social”.

Mas allá de los discursos en reuniones con empresarios, la verdad es que la inversión no fluye.

Aunque el peso, efectivamente, se ha apreciado 4% frente al dólar durante su gobierno, el clima es de desconfianza e incertidumbre entre los empresarios.

Las calificadoras Fitch y S&P degradaron el perfil crediticio de Pemex, lo que aumenta el servicio de la deuda en miles de millones de pesos.

El FMI, la OCDE, Bank of America Merrill Lynch y el Banco de México bajaron las perspectivas de crecimiento hasta 1.1 por ciento.

La producción de petróleo anda apenas en 1.6 millones de barriles día y los combustibles están más caros que nunca, a pesar de la promesa de campaña de que no habría gasolinazos.

Admite, eso sí, que el país crece poco, pero afirma que no hay, “ni por asomo”, riesgos de recesión. Veremos.

FIN.