Por Francisco Garfias

Lo apuntaba ayer Pascal Beltrán del Río. El patrón se repite en cada gira de AMLO. Abucheos, rechiflas, gritos de “¡Fuera! ¡Fuera!” a gobernadores que no son de Morena.

El Presidente de la República sale al rescate, apapacha al mandatario estatal, pide respeto a la pluralidad y a la autoridad.

Él se lleva los aplausos, las porras. Se le asigna el papel de salvador de los mandatarios que el “pueblo bueno” reprueba. Queda como el héroe amado, respetado, admirado por los más vulnerables.

El ritual descrito se repitió el fin de semana en Chihuahua, Baja California Sur, Sonora. Ni la condición de mujer de la priista Claudia Pavlovich evitó el inducido repudio.

López Obrador atribuye los abucheos contra los gobernadores al “infantilismo político” que aún prevalece en algunos dirigentes de Morena.

Pero dice que, excepción de Guerrero, no ha visto un acto de manipulación para que los asistentes abucheen de manera coordinada a los invitados.

¿Será entonces que da por buenos los abucheos a Pavlovich, Javier Corral y Mendoza Davis?

El mismo ritual guinda ocurrió con Miguel Ángel Riquelme, en Coahuila; Martín Orozco, Aguascalientes; El Bronco, Nuevo León; Silvano Aureoles, Michoacán; Alejandro Murat, Oaxaca; Alejandro Moreno, Campeche; como lo narró ayer el propio director de Excélsior.

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Simultáneamente nos llegó al correo de Arsenal la copia de un documento “confidencial” con el logotipo de Morena titulado: Manual para Eventos del “Señor Presidente” Andrés Manuel López Obrador en estados de oposición, que los guindas, por supuesto, desconocieron.

Pero si no es auténtico, se parece mucho a lo que ocurre en cada acto público de AMLO con mandatarios estatales.

El punto 2 del apartado ”Ambientación” del Documento, que se filtró en Sonora, dice:

“Insistir a los asistentes convocados que, al anunciar la intervención del mandatario estatal de la oposición ES OBLIGATORIO –en mayúsculas y negritas— emitir sonidos y gritos de desaprobación (abucheos, silbatina, consignas partidistas, etc…)”.

Y el 3:

“Insistir a los asistentes convocados que, al anunciar la intervención del Señor Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, Andrés Manuel López Obrador, ES OBLIGATORIO apoyar con porras y manifestaciones de alegría: “¡Es un honor estar con Obrador!”, “¡López Obrador!”, “¡López Obrador!”.

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En su comparecencia en el Senado, Celia Maya, integrante de la terna que envió AMLO para ocupar el lugar de la jubilada Margarita Ramos Luna en la Suprema Corte de Justicia, pecó de ingenua y fue políticamente incorrecta.

La magistrada queretana tuvo la ocurrencia de manifestar su “preocupación” por el “entorno” de los hijos de las parejas del mismo sexo.

Preguntó ante senadores:

“¿Cómo mandamos al niño frente a la mayoría de sus compañeritos que tienen papá y mamá de diferente sexo y él va a tener papá y mamá del mismo sexo?”.

Remató: “A lo mejor en la idiosincrasia nuestra todavía es difícil…”.

Eso bastó para que los guardianes de la “moral progresista” la hicieran talco en las redes sociales por pensar diferente. La calificaron de “vergüenza nacional”, “candidata cero” y otras lindezas más.

A esos mismos guardianes les aclaro que no milito en la vela perpetua y que no me quitan el sueño las parejas del mismo sexo con hijos. Pero defiendo el derecho de las personas a manifestar lo que piensan en temas que, como ése, polarizan a la sociedad.

La “tolerancia cero” se las dejo a los bots de “ya sabes quién…”.

Otra aspirante que provoca controversia es la también magistrada Yasmín Esquivel. Sus detractores alegan conflicto de intereses por estar casada con José María Riobóo, empresario vinculado al Presidente de la República.

AMLO lo habría favorecido cuando fue Jefe de Gobierno del DF, según el ex candidato presidencial del Frente, Ricardo Anaya.

Pero ella jura que “no hay, ni ha habido, ningún vínculo de amistad o parentesco que afecte la independencia en mi función como juzgadora…”.

Y más adelante: “Soy una mujer que, como millones de mexicanas, me he hecho por mí misma, con una historia propia. No soy la señora de… o la esposa de…”.

Estoy de acuerdo en que la magistrada Esquivel debe ser juzgada por sus méritos y no por su matrimonio. Sus detractores, sin embargo, la ven como “ministra carnala…”.

De la tercera, Loretta Ortiz, casi nadie habló ayer.

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Un sonoro “¡Huelumm…!” marcó el final de la ceremonia oficial por los 60 años de Canal 11, a la que asistieron el titular de la SEP, Esteban Moctezuma; el director del IPN, Mario Alberto Rodríguez; Ximena Saldaña, directora del Once; los conductores Cristina Pacheco, emblema de esa televisora, Fernanda Tapia, Javier Solórzano, Ricardo Raphael y muchos más.

Nos llamó particularmente la atención el mensaje de Javier Solórzano sobre el clima adverso que enfrentan periodistas y comunicadores, y lo retos que enfrenta la libertad de expresión.

Dijo textual:

“Este país tiene un oriundo problema en el ejercicio de la expresión. Hay muchos periodistas que son intimidados y agredidos, en el mejor de los casos. El mayor reto que viene ahora es mantener esos procesos de libertad y apertura, entender a la crítica como un proceso de democracia”, dijo el conductor.

En el Auditorio Jaime Torres Bodet de Zacatenco, donde se realizó el evento, nos enteramos que era el último día de Ximena Saldaña como directora del Canal.

Se fue en medio de múltiples reconocimientos a su labor. Llega a trabajar a la SEP con Esteban Moctezuma. La releva en el 11 el senador con licencia, José Antonio Álvarez Lima.

FIN.