Mexicali, el feo

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

Pasear por la naturaleza disminuye la ansiedad, mejora la capacidad cognitiva. Esta es una mala noticia para los cachanillas, dada las pocas áreas verdes existentes, la buena es que se obtienen casi los mismos beneficios, observando videos o fotos atractivas del hábitat natural.

Las aportaciones de las áreas verdes al estado de ánimo, pueden extenderse a más población, si los cuerpos de agua, las lagunas, el río Nuevo, los drenes, los humedales artificiales como “Las Arenitas”, el bosque, reciben mantenimiento, aunque para ello, se requiere dejar de castigar a una ciudad, la cual ciertamente es fea, para empezar a valorarla.

Hace justo 120 años, en mayo de 1903, la autoridad en Ensenada, describió con sinceridad demoledora, en una carta dirigida al gobierno de la república “… no existe en los terrenos del desierto del Colorado, ninguna población de importancia, solo hay una aldea o comunidad de doscientas personas (…) se llama Mexicali (…) las habitaciones, entre ramadas y carpas, serán como treinta”.

Por si no fuera suficiente, las imágenes fotográficas disponibles de la época, no dan pie a la duda: Mexicali era un espacio plano, yermo, sin cultivos ni frondosa vegetación, salvo en los cuerpos de agua naturales.

Mexicali es feo, nadie lo discute, pero eso no justifica el descuido, ni mucho menos el castigo, medido en indiferencia, críticas de la población migrante, pero también de los nativos, gente que, en general, suele quejarse del calor, el mal olor ambiental, la contaminación, la suciedad, pero poco hacen para aliviar lo molestoso.

Aquí no podemos hablar de personas con un interés perdido, falta de resonancia o conexión con el mundo natural, porque nunca ha existido tal condición. Luego entonces, para lograr un enlace con el ecosistema, será necesario trabajar en expandir el sentido del yo, lo suficiente como para alejarlo del egoísmo, e incluir ahí a la naturaleza, de esa forma, todo daño ecológico, será sentido tal como si ocurriera a nosotros.

La conexión con la naturaleza, es un ejemplo de variable de rasgo, o sea, un comportamiento, en este caso, posible de modificar, en un corto lapso, utilizando las herramientas precisas, como podrían ser, caminatas frecuentes por los sitios con vegetación verde-grisácea propia del desierto, o la simple observación de fotografías, que muestren el lado bello de nuestros ignorados espacios llenos de peculiar flora, fauna.

Para profundizar en el tema, recomiendo leer los siguientes artìculos, “The benefits of nature experience: improved affect and cognition”, “The effects of views on nature…”, “There is no “I” in nature…”, “The connectedness to nature scale…”, “Implicit connection with nature”, “Awe of natural and well-being: roles of nature…”, “The relationship between nature connectedness…”.

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