México e Israel: de populistas e inseguridad

by linaresvillamild@gmail.com
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Los paralelismos entre lo que sucede en Israel con lo que vivimos en México son
considerables. La polarización política israelí ha traído consecuencias graves para su
seguridad, algo que también sucede en nuestro país. En medio de las incontables
historias de sufrimiento y dolor, sus liderazgos políticos tienen una responsabilidad
significativa.

Liderazgos de corte populista han llegado al poder tanto en la nación judía como en la
mexicana. Benjamín Netanyahu se ve como el irremplazable líder, aunque arrastra
cargos por corrupción, lo que lo ha llevado a formar una alianza con partidos de
extrema derecha para asaltar el Poder Judicial. Andrés Manuel López Obrador se ve
como el líder de una Cuarta Transformación, aborreciendo todo contrapeso político.


En repetidas ocasiones ha intentado tomar el Poder Judicial, aunque con relativo éxito.
De los cuatro ministros que ha nominado a la Suprema Corte, dos han mostrado
independencia, dos completa sumisión. Sobre los primeros, declaró: ““Me equivoqué,
porque hice propuestas, pero una vez que propuse, ya por el cargo o porque
cambiaron de parecer, (los ministros) ya no están pensando en el proyecto de
transformación y en hacer justicia, ya actúan más en función de los mecanismos
jurídicos”.

Si ambos líderes han coincidido en sus políticas de dinamitar el Poder Judicial, ambos
también han perseguido políticas de seguridad desastrosas. El líder judío, en su
intento por controlar el Poder Judicial, ha polarizado excesivamente a la sociedad
israelí: “nunca he visto nuestra seguridad nacional en peor estado” declaró el director
general del Ministerio de Defensa Israelí en un mitin por la democracia, días antes de
los ataques de Hamas. En México, el presidente López Obrador ha politizado a las
Fuerzas Armadas al destruir el proyecto institucional que significaba la Policía
Federal, poner en manos de un general los servicios de inteligencia civil, crear un
cuerpo de seguridad civil (Guardia Nacional) que en realidad es un brazo más del

Ejército, y conferirle mayores responsabilidades públicas a una institución que poco
se encuentra supeditada a los órganos de transparencia y rendición de cuentas. Peor
aún, los resultados en seguridad han sido desastrosos: se han disparado las
extorsiones y el número de desaparecidos, los homicidios se mantienen sumamente
elevados, y se espía a activistas y periodistas sin mayores repercusiones.

«En este momento hay muchos países en la región que tienen jóvenes descontentos,
malas economías y gente en dificultades en general que ven esto como una fuente de
dignidad», dice Mohammed Alyahya, un analista saudí de la Universidad de Harvard al
hablar sobre la situación palestina. Y he ahí la clave: a pesar de que los mexicanos
reprueban al presidente en casi cualquier política pública –incluyendo seguridad–, su
popularidad sigue elevada. Con López Obrador, al menos, las clases populares le
pueden picar los ojos a los pudientes.

Todos los populistas siguen recetas parecidas para debilitar la democracia liberal, y
un ingrediente fundamental es la cooptación del Poder Judicial. En Israel, ocasionó
una calamidad. En México, también.

fnge1@hotmail.com @FernandoNGE

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