Por Víctor Martínez Ceniceros

El mexicalense presume su solidaridad hacia los migrantes, organiza colectas de víveres, les lleva ropa, defiende en redes sociales la causa de los menesterosos, lo hace con tanta enjundia, siempre y cuando estén albergados lejos de su casa.

Hace casi 3 años arribaron haitianos en tropel a Mexicali. Fue un viernes por la mañana cuando provenientes de Tijuana, se dirigieron a la Garita Zona Centro para solicitar asilo en los Estados Unidos. Al negárseles (deseaban ingresar todos en ese mismo momento), buscaron dónde ubicarse, abarrotaron los refugios especializados, rompieron con el desorden convencional del “Pueblo”, pero de igual forma despertaron el espíritu caritativo de los cachanillas.

De igual forma sembraron desconfianza relacionada con el incremento de la inseguridad, con la transmisión de enfermedades desconocidas para nosotros. Cuando la rumorología se encargó de esparcir el chisme sobre la utilización como albergue del campo de futbol de la colonia Nueva, los habitantes de la zona pusieron el grito en el cielo. Ahora los caribeños ya forman parte de nuestra sociedad, bien integrados.

Los cientos de centroamericanos de la caravana viven el mismo viacrucis de los haitianos con un ingrediente adicional: Por alguna razón no aclarada (se especula acerca de una limpieza previa a un plan de recuperación del Centro Histórico) se ha buscado crear un mega-albergue a cargo del Gobierno federal, en otra área del Municipio, primero se habló del ejido Michoacán de Ocampo, pero esa idea fue desechada, no se sabe si debido a las protestas ciudadanas o por alguna razón del orden del respeto a los derechos humanos.

Ahora ha corrido el rumor sobre el nuevo destino, un local ocupado alguna vez por un supermercado en la calle 11 muy cerca del bulevar Lázaro Cárdenas. El alma misericordiosa de algunos mexicalenses ha mutado a una de preocupación por su seguridad, la de sus bienes, por ejemplo a los comerciantes les preocupa ver a personas pidiendo dinero, molestando a sus clientes, los residentes de fraccionamientos distinguidos del área han comenzado a organizarse para buscar de alguna forma evitar la instalación de este espacio, porque la percepción de inseguridad pública va a la alza. Estaban bien dónde
estaban, allá lejos en ese sitio pintoresco, parece ser el clamor.

En sentido estricto, ni siquiera los Cucapás ni los miembros de tribus aborígenes, quienes se instalaron en el Noroeste de los Estados Unidos hace más o menos 20 mil años y en nuestra zona hace aproximadamente 3 mil años, pudieran llamarse dueños de esta tierra porque también llegaron de fuera, mucho menos nosotros. Sin embargo, un hecho innegable es la falta de identidad comunitaria mezclada con una ausencia de compromiso gubernamental por buscar lo mejor para Mexicali, aunque para lograr eso es necesario valor y constancia, no simulaciones.