Migrar no es normal

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

Sin contar a chinos, japoneses ni indios, en 1926, alrededor del 8 por ciento de la población de Mexicali, había migrado en su mayoría desde Europa. En la actualidad, los europeos representan el 0.02 por ciento, del total.

En materia de extranjeros, el Mexicali del siglo XXI, es básicamente hondureño, haitiano, salvadoreño, guatemalteco, venezolano (Inegi). Mención especial para los nacidos en Estados Unidos, el 3 por ciento de los residentes, los hijos de las mamás que decidieron parir en El Centro, Brawley, San Diego, los de doble nacionalidad.

El “Padrón de inmigrantes. Con excepción de chinos, japoneses e indios británicos”, elaborado por el Ayuntamiento, contiene nombres de las personas, nacionalidad, edad, estado civil, fecha de ingreso al país, lugar de ingreso, profesión.

En el listado hay gente de Alemania, Austria, Bulgaria, Checoslovaquia, Dinamarca, de España llegó Florentino Pereira Ocejo y familia, Francia, Grecia, Inglaterra, Irlanda, de Italia José Palumbo, Lituania, Polonia, Rumania, de Rusia la familia Popoff, Suiza, Yugoslavia. También arribaron de otros países, como Armenia, Líbano, Turquía, Filipinas, Argentina, Cuba, Perú.

Establecer la migración como un acto normal, es cierto a medias, pero también una falacia llena de cursilerías, nada útil para comprender, mucho menos resolver una situación que afecta a millones.


Sí es cierto, porque hace miles de años, una única oleada de los primeros humanos, se dispersó desde África, y una sola oleada llegó a América, siguiendo a los búfalos, cuya carne, brindó nutrientes para el crecimiento del cerebro. Es decir, no hubo más flujos africanos, solo los movimientos de los grupos que, al distribuirse por el mundo, terminaron definiendo las poblaciones originarias (“Out of Africa by spontaneous migration…”, “A single and early migration…”, “Human dispersal…”, “Pleistocene hypothesis, moving savanna…”).

No es cierto, porque en el siglo XXI, mucha gente abandona su tierra por necesidad, no por gusto y esa migración no debería ser calificada como normal, porque es obligación de los gobiernos, brindar felicidad a sus ciudadanos, en forma de carne, tranquilidad, vivienda digna, salario decoroso. Los países expulsores, generalmente con autoridades corruptas, terminan ganando, cuando la presión social recae sobre los países receptores, convertidos en los villanos de la película (“Peace, dignity, and…”, “Exploring migration causes…”, “On the evolution of migration”).

Para que la migración aporte al desarrollo planeado de una comunidad, ésta debería ser opcional, selectiva, jamás forzada. No es normal ver a la gente huir de su lugar de nacimiento, de su hogar, por miedo, hambre, en vez de hacerlo por un deseo de crecimiento, tomándose el tiempo para organizar su salida y proyectar su regreso.

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