Por Rubén Cortés

Tiene que ver con la moral, y no con lo formal, si es un desatino la invitación del gobernante de Venezuela, Nicolás Maduro, a la toma de posesión del próximo presidente de México. Es un dictador, pero es un Jefe de Estado, que hasta orador es cada año en Naciones Unidas.

Al invitar a quien prohíbe elecciones libres en Venezuela, ordena asesinar a opositores en las calles, encarcela a sus adversarios sin juicios, expropia empresas privadas e impide la libertad de expresión… están invitando al presidente de un país con el que México tiene relaciones diplomáticas.

Así que, en el aspecto estrictamente cumplidor, los organizadores de la toma de posesión del 1 de diciembre, se limitan a convidar a un mandatario más, así como el presidente actual felicitó ayer al impresentable ganador de las elecciones en Brasil: puro requisito.

Sin embargo, tampoco se vale jugar con las palabras: Nicolás Maduro nunca ha sido un “puro requisito” para el partido que triunfó en nuestros comicios del pasado 1 de julio. Tampoco para muchos de sus militantes, ni dirigentes.

Por ejemplo, el 24 de junio de 2017, después de que el Ejército y los grupos paramilitares de Maduro asesinaron a 72 opositores en protestas que duraron 83 días, el jefe de la bancada de Morena, Manuel Bartlett, defendió, en el Senado de la República, al dictador de Venezuela.

El gobierno mexicano, junto a otros 19 de la región, había solicitado a la OEA una resolución que reflejase el deterioro de las condiciones democráticas en Venezuela, lo cual provocó que Morena considerara a México “peón de Estados Unidos”.

La presidenta de Morena, Yeidckol Polevnsky, ha admitido en público que “el gobierno de Venezuela es un ejemplo para nuestra vida”, y el consejero del partido, Héctor Díaz, ha pedido “la integración de México en la Revolución Bolivariana”.

Y, el pasado fin de semana, líderes de Morena y Gerardo Fernández Noroña organizaron un seminario para respaldar a Maduro, lo cual fue agradecido por Ministro Consejero de la embajada venezolana en México, Óscar Upegui, también participante en el evento.

Entonces, queda claro que quien viene a la toma de posesión es un amigo de quienes nos gobernarán:

–Un amigo que se niega a convocar a elecciones presidenciales bajo supervisión internacional y convirtió a Venezuela en el país del mundo con mayor pérdida de propiedades de los ciudadanos, según New World Wealth y el último país en inversión extranjera.

–Un amigo que se sostiene en el poder asesinando y reprimiendo a sus opositores con el uso de “Colectivos” que actúan de manera similar a los “Tonton Macoute” de Duvalier, los “Batallones de la Dignidad” de Noriega y “las Fuerzas de Acción Rápida” de los Castro.

Un tirano.