No quedaste seleccionado… para el éxito

by linaresvillamild@gmail.com
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Talento hay, solo falta apoyarlo, porque Dios, o quien haya sido, distribuyó las capacidades entre la población, al azar, sin importar color de piel o estrato social. Lástima que las oportunidades para sacarle provecho, no sean así de parejas.



En Mexicali, existen cientos de miles de personas brillantes, que nunca resultarán seleccionadas para ingresar por la puerta grande, ya no digamos a la universidad, sino al juego del éxito convencional, el del dinero. Este problema, el de la inequidad, no es tanto del gobierno, ni de las instituciones de educación superior, sino un asunto de falta de conciencia personal.



Hay científicos en potencia, médicos, ingenieras, cocineros, científicos, innovadores, quienes jamás pisarán un aula universitaria, quienes deberán conformarse con un trabajo en el cual, ni siquiera tendrán la chanza de proponer mejoras, no tanto por un deseo de crecimiento, sino porque su inquietud interna, les pide a gritos, expresar eso que a ellos les parece muy claro de ver.



Se han escrito toneladas de estudios científicos, sobre lo disparejo de la vida, pero eso no importa, ya que lo valioso es mi vida, el egoísmo ante todo. Si tan solo fuéramos capaces de aceptar, aunque sea por conveniencia, que, si al pobre le va bien, entonces mi mercado, se expandirá, las cosas serían diferentes.



Michael Young, quien acuñara el término “Meritocracy/ Meritocracia”, para su libro de 1958, se lamentó en el 2001 (“Down with meritocracy”), de la tergiversación de una expresión creada como ironía. En la actualidad, vemos al éxito como el merecimiento tras un esfuerzo, pero jamás se nos ocurre pensar en las ventajas del triunfador, de la suerte, las relaciones propias o de sus padres, de sus ingresos, de su formación, algo de lo cual, por supuesto, la persona no tiene la culpa. El problema llega cuando se atribuyen las victorias, a una serie de actos arrojados, minimizando los privilegios.



En el otro extremo, al pobre lo vemos como inmoral (“Prejudice against member or a ridiculed working…”), como alguien incapaz de merecer lo mejor, solo migajas, despensas simples, casas pequeñas, nada de aspiraciones ajenas a su clase (“Inequality in socially permisible consumption…”), o como un sujeto carente de sentimientos, sin capacidad para pensar (“Dehumanizing the lowest of the low: Neuroimaging responses…”). Por si fuera poco, la pobreza agota la capacidad de pensar de forma coherente (“Poverty impedes cognitive…”).



Claramente, desde la salida, la carrera es dispareja y se hace más complicada cuando negamos la realidad, cuando malinterpretamos textos como este, cuando los leemos desde la óptica de un socialismo mal comprendido. Señoras, señores, esto no es un asunto político, es uno de humanos, lastimándose sin necesidad, el cual requiere una solución urgente, que no vendrá desde el gobierno

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