Por Rubén Cortés.

La decisión de finalizar el proyecto del NAIM provocó que, enseguida, la Bolsa Mexicana perdiera 17 mil 512 millones de dólares: una cantidad que significó el 32 por ciento más de los 13 mil 300 millones de dólares presupuestados para construir el NAIM.

Sí: decisión, pues la Consulta fue un bluf. Y el Presidente electo escogió nuestra obra más comprometida internacionalmente como símbolo del inicio del desmantelamiento del actual sistema político mexicano, desenganchándolo de los mercados financieros.

Por ahí arrancó la Cuarta Transformación: “México no puede estar supeditado a mercados financieros”, anunció el ganador de las elecciones. ¿Hay que recordar que Cuba, Venezuela y Corea del Norte tampoco están supeditados a los mercados financieros?

Así comenzaron sus grandes transformaciones Cuba, Venezuela, Corea del Norte. Sin embargo, lo perdido en el NAIM no fue sólo dinero: también se pierde el 30 por ciento de infraestructura que está construida. El nombrado titular de SCT anunció que una comisión definirá su uso.

Pero resulta fácil saber lo que decidirá esa comisión: dejarán el 33 por ciento edificado hasta ahora en el terregal de Texcoco a los que estaban en contra. Sí: terregal. Donde se estaba levantando el NAIM no hay lago ni patos ni aves. Aquello es lo más parecido a un paisaje lunar.

Ahora que el gobernante de Venezuela viene a la toma de posesión del próximo mandatario de México, hay que recordar que, en el advenimiento del populismo en aquel país, en 1998, el entonces presidente Hugo Chávez también canceló la gran megaobra que heredaba su gobierno.

Era la Torre de David, en Caracas, que con 45 pisos sería el octavo edificio más alto de América Latina y albergaría la sede principal del Centro Financiero Confinanzas. A medio acabar, Chávez la expropió y después, envuelto en la transformación del país, se olvidó de la Torre de David.

Lo que estaba construido fue invadido por adeptos al chavismo, impelidos por la escasez de viviendas y las políticas de expropiación de edificios privados. Casi dos décadas después, nacieron allí dos generaciones de caraqueños, en cuartos sin paredes, huecos para ascensores…

Un reciente sismo de 7.3 registrado en Venezuela, inclinó 45 grados los últimos cinco pisos de la Torre, pero aun así continúa ocupada. “Homeland”, una famosa serie de Netflix muestra la Torre en un capítulo: es una inmensa fabela vertical, hacinada, oscura, violenta.

En cambio, el NAIM ya posee un edificio de servicios con sistema eléctrico, sanitarios y aire acondicionado. Además de que en la torre de control se levantaron los muros interiores y la losa del primer nivel: mucho mejor para vivir que en la Torre de David.

Que nadie se sorprenda si pronto vemos allí a…

Ciudad Morena.