Por Rubén Cortés

Algún panista de prosapia dejó ayer en Twitter un testimonio más de cariño que de franqueza, al entender la renuncia de Germán Martínez al primer círculo del presidente como “un testimonio de congruencia”. No: Germán Martínez no fue congruente al formar parte del gabinete de la 4T.

La dimisión del expanista es, en todo caso, testimonio de honestidad, al irse de donde ya no quería estar ni parece que lo querían. O, más: sería un testimonio de temeridad, arrojo, osadía, atrevimiento, al abandonar a su jefe a menos de seis meses de empezar a acompañarlo en su proyecto.

Pero no de congruencia, porque Germán Martínez escribió hace poco en el tiempo que:

“Con AMLO, ni a la esquina” porque “su misión debe ser combatir su modelo económico para reconocer en la Constitución y promover en la sociedad, más espacios de libertad al desempeño individual de los mexicanos”.

¿Deberá el PAN acudir con los lopezobradoristas? ¿Josefina debe tender un puente con Andrés Manuel? ¿Impedir el regreso del PRI a Los Pinos es un imperativo ético democrático? “López Obrador no es Hugo Chávez”, sostienen algunos ingenuos.

Sí. Más iniciativa privada en Pemex, campo, fábricas, carreteras, puertos, electricidad, agua, etcétera. ¿Aceptará eso “El Peje”? Seguro no. Con el facilismo de un populista endilga el mote de “entreguistas” a las políticas públicas promotoras de la inversión y la libre competencia en el mercado”.

No. Para nada es “un testimonio de congruencia” la renuncia de Germán Martínez a su puesto de secretario de Estado con quien creía que “con el facilismo de un populista endilga el mote de “entreguistas” a las políticas públicas promotoras de la inversión y la libre competencia en el mercado”.

Tampoco quiere decir que sea imposible cambiar de opinión. Se puede y se hace a menudo y todos los idiomas tienen palabras para justificarlo. Un gran ejemplo lo dio el general Wojciech Jaruzelski, el último presidente comunista de Polonia.

Jaruzelski vivió sus últimos años en la sociedad democrática que se convirtió Polonia tras su gobierno. Pero dormía con dos soldados en la puerta de su casa y casi un centenar de asesinatos de disidentes en su conciencia. El diario español El Mundo le hizo una entrevista:

—¿Qué es lo que más le gusta del capitalismo?

—Las tiendas llenas de cosas.

—¿Cómo puede decir eso, si usted fue líder comunista?

—Existe un dicho polaco: sólo las vacas no cambian de opinión.

Y, sí: la renuncia de Germán Martínez es un testimonio de temeridad, aunque ni tanto, eh: culpó a Hacienda por su “ahorro y más ahorro, recortes de personal y más recortes de personal”. ¿Sí? ¿Por orden de quien Hacienda ahorra y recorta personal?

Germán Martínez se guardó ese dato.