Sacudidas

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martinez Ceniceros
Gracias a la sacudida emocional, impuesta por la pandemia, hoy vivimos en un mundo mejor, donde todas las personas se apoyan de forma desinteresada, la violencia ha disminuido a la mínima expresión, los políticos son tan honestos que cuando descubren en la práctica, su incapacidad operativa, renuncian, por lo tanto, el sufrimiento es cosa del pasado.

Gracias a la sacudida emocional por la sacudida del terremoto, desde el 2010, en Mexicali vivimos con un sistema de protección civil, envidiado por todo el mundo, incluido los países desarrollados. Contamos con un operativo conjunto bien organizado, capaz de garantizar energía eléctrica, lo cual permite contar siempre con gasolina para las miles de unidades de emergencia, patrullas, carros de bomberos, ambulancias.

Gracias a las sacudidas recibidas, al menos durante este año, la universidad pública local, que más dinero recibe del erario, ha ido mejorando de forma sustantiva, dejando de lado excentricidades, para enfocarse en ayudar a crecer al cien por ciento de sus alumnos, incluidos ahí, los pobres, los tímidos, aquellos quienes no tienen valor para expresar su inconformidad. Pero sobre todas las cosas, dejó de ver moros con tranchetes, de ignorar, minimizar o desacreditar cualquier manifestación de inquietud.

En fin, los humanos vivimos, al menos en la imaginación de millones, en un planeta nuevo, armonioso, uno en el cual hasta los ángeles desean bajar, para aquí morar. Mentirosos los medios informativos con sus reportes de impunidad, violencia, corrupción, inoperancia gubernamental, hambruna, pobreza, depresión, suicidios, abandono, inequidad, envidia, desempleo, abusos laborales.

El deseo por un borrón y cuenta nueva, por la necesidad de un cambio de rumbo brusco, es una reacción natural en las personas para manejar la ansiedad producto de una frustración o un trance doloroso, a pesar de no existir ni razón, ni evidencia científica probatoria de su utilidad. Los humanos aprendemos de los errores solo en casos específicos, siempre y cuando las correcciones se realicen tras detectar la equivocación y exista voluntad de corrección (“Learning from errors”, Columbia University).

No es recomendable dejar el mundo, en manos de los salivosos, porque se apoderan de todo el pinole. Tampoco es sano confiar en exceso de las instituciones, a menos que uno vea resultados que lo beneficien de forma permanente, pero no necesariamente con dádivas económicas, sino con herramientas fortalecedoras de la confianza, como una excelente formación profesional, una asesoría honesta, servicios de calidad, servidores públicos capaces.

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