Por Martín Moreno

+ 2069, improvisado, caro, inviable…

+ El costo del capricho.

Parece broma, pero no la es, y debe preocuparnos mucho:

El Aeropuerto Internacional (por llamarlo de alguna manera) de Santa Lucía, alcanzará su “máximo potencial” en el año…¡2069!, advirtió el General brigadier Gustavo Ricardo Vallejo, arquitecto constructor del proyecto. Es decir: dentro de 50 años, cuando esta generación haya desaparecido. Mientras tanto, la saturación aérea al corto y mediano plazos continuará sin remedio.

Parece broma, pero no la es, y debe preocuparnos mucho:

El costo del Aeropuerto militar (en realidad, lo es) y cuyos beneficios económicos, por órdenes de López Obrador, serán exclusivamente para los militares, saldrá…¡66 por ciento más caro que el NAIM Texcoco! Costará 385 mil 738 millones de pesos, reveló el Colegio de Ingenieros Civiles de México (CICM). ¿Por qué? Por dos razones que la Cuarta Transformación soslaya: porque al proyecto de Santa Lucía –edificio terminal y dos pistas– hay que sumarle el costo de las obras de acceso y conectividad con el actual AICM, cifradas en alrededor de 63 mil 310 millones de pesos, de acuerdo al Instituto Mexicano del Transporte; además, hay que considerar el costo hundido al cancelar los contratos del NAIM Texcoco, por 100 mil millones de pesos, de acuerdo con el Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México. Los ingenieros aseguran que el costo de infraestructura en Santa Lucía proyectado por el Gobierno de AMLO no es realista y está subestimado, pues sería de alrededor de 217 mil 428 millones de pesos y no de 70 mil 342 millones. Tan solo la infraestructura. (El Economista, Octavio Amador, 12-09-2018). ¿Quién pagará este capricho presidencial? Sí, los bolsillos de millones de mexicanos.

Parece broma, pero no la es, y debe preocuparnos mucho:

AMLO, jocoso y con el sello de la casa: la improvisación, dijo el pasado miércoles 24 de abril: “Adelanto, porque mi pecho no es bodega, y siempre digo lo que pienso, que el lunes próximo, vamos a iniciar ya la construcción del nuevo aeropuerto de la ciudad de México…”. Sin embargo, dos días después, Andrés Manuel tuvo qué recular. Precisó en su homilía mañanera: “Se decidió hacer la presentación el lunes y la construcción comienza en junio”. AMLO se vio obligado a desdecirse por la lluvia de críticas bajo un argumento inapelable: Santa Lucía no cuenta con los permisos de viabilidad aérea. Podrán construirse pistas, pero ello no implica que podrán despegar o aterrizar aviones comerciales. Todo al aventón, al capricho. (Seguramente López Obrador primero se frota loción, y luego se ducha)

Parece broma, pero no la es, y debe preocuparnos mucho:

El propio Secretario de Comunicaciones y Transportes, Javier Jiménez Espriú, aseguró que el proyecto de la Sedena establece que uno de los problemas detectados en la planeación para ubicar las dos pistas en Santa Lucía es la ubicación del Cerro de Paula, a 12 kilómetros del nuevo aeropuerto. “Ese cerro tiene allí 50 años y así operan militares”, respondió AMLO de manera simplista y errática. Alguien debería decirle que no es lo mismo tener pistas militares de uso específico y esporádico, que un Aeropuerto Internacional y de uso público. Es muy preocupante ese empecinamiento presidencial de ignorar realidades y construir fantasías, en un ejercicio delirante que le costará muy caro al país.

Parece broma, pero no la es, y debe preocuparnos mucho:

Carlos Slim envió una carta a López Obrador para rescatar el NAIM Texcoco, comprometiéndose a asumir los costos financieros. AMLO lo rechazó. Por supuesto que Grupo Carso atiende sus propios intereses económicos, pero aquí hay un punto clave: si los contratos de negocios o desarrollos que girarían en torno al aeropuerto de Texcoco (ubicado a solo 5 kilómetros del AICM, mientras que Santa Lucía está a 42 km) privilegiaban a los amigos o socios de Peña Nieto y se habían otorgado de manera discrecional, pues que el nuevo Gobierno los investigara y si había irregularidades, que los revocara. Todos hubiéramos aplaudido esa medida anti corrupción. Pero no fue así. Sabemos que AMLO es un personaje que se mueve por emociones y no por raciocinios, y encaprichado por su aeropuerto militarizado reventó dos cosas: un proyecto con mayor viabilidad aérea y la confianza de inversionistas, viajeros y ciudadanos que, de una u otra manera, se verán afectados al largo plazo.

Un nuevo Aeropuerto improvisado, parchado, inviable.

Un Frankestein con dudoso futuro.

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Las consecuencias de las pésimas decisiones que se están asumiendo en este Gobierno –como la cancelación del NAIM Texcoco–, comienzan a llegar y también nos deben alertar: el crecimiento económico del país fue de solo 0.2 por ciento durante el primer trimestre del año, comparado con el trimestre final del 2018. (Fuente: Inegi). Allí están las cifras, irrefutables. Ha sido un arranque fallido en materia financiera. Desaceleración y desempleo. Y no nos engañemos: si el peso se mantiene estable ante el dólar, la razón principal es por la debilidad y la parálisis que ha registrado la economía de EU por la confrontación entre Trump y los demócratas. Ese es el motivo. Pero las finanzas del poderoso vecino se van a recuperar. Ya lo veremos.

Toda crisis económica, sin excepción, tiene un inicio.

Y así inicia la Cuarta Transformación: prácticamente, con crecimiento cero.

¡Mucho cuidado!