Por Francisco Garfias

La transformación que vivimos se reflejaba en la tribuna de la Cámara de Diputados, durante la comparecencia de Carlos Urzúa, titular de la SHCP, con motivo de la discusión del Presupuesto para el 2019.

Lo nunca visto: Rubén Moreira, Enrique Ochoa, René Juárez, Fernando Galindo y toda la bancada del PRI, pancarta en mano, tomando la tribuna en San Lázaro junto a panistas, perredistas y emecistas.

Protestaban por los recortes al campo, a las universidades, a las causas de las mujeres, a la cultura, a los pueblos mágicos, al ramo 23, mientras gritaban “¡Títeres! ¡Línea 12! ó ¡Bejaranos!” a sus pares de Morena.

Lo inimaginable: Alfonso Ramírez Cuellar, ex líder de El Barzón, presidente de la Comisión de Presupuesto, defendiendo un paquete económico que le recorta 30 por ciento de recursos al campo.

La nueva realidad: morenos y sus aliados del PT obligados a acatar, sin chistar, la línea que el pasado miércoles tiró el Poder Ejecutivo, a puerta cerrada: aprobar, sin modificaciones, el paquete económico para el 2019.

¿Su grito de guerra contra la oposición?: “¡No más moches!”.

“Nosotros éramos disciplinados, pero a los morenos se les pasó la mano”, nos dijo, mordaz, la diputada del PRI, Ana Lilia Herrera.

Lo caricaturesco. Los priistas, ya sin Peña Nieto, empiezan a asomar la cabeza. Ya dimos cuenta de que se sumaron a las protestas en San Lázaro contra el Presupuesto.

Pero además, ofrecieron una rueda de prensa, encabezada por su coordinador René Juárez, en la que se ubican claramente en el terreno de la oposición al régimen de la 4ª Transformación.

El desorden al revés.

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Uno que estuvo en la reunión con AMLO, a mediados de la semana pasada, es Fernando Manzanilla, coordinador del PES. Ayer se le veía preocupado, pensativo.

El recorte al campo –menos 30 por ciento de recursos en relación con el 2018 — no le gustó a los diputados de su bancada, sobre todo a los que vienen de distritos rurales.

“Si yo apruebo esto, me linchan en mi distrito. Prefiero pelearme con el señor (AMLO)”, le dijeron a Manzanilla.

Hasta en Morena hay diputados inconformes. Van a regresar con sus respectivos distritos sin un centavo para obra. Trajeron a los alcaldes a hacer fila, pero de nada sirvió. El gasto da prioridad a los planes federales y se olvida de las necesidades locales.

Durante la comparecencia de Urzúa, muchas curules se quedaron vacías. “No pueden protestar. Están encerrados en sus oficinas”, nos dijo una fuente.

Esta situación llevó al priista Enrique Ochoa a maliciar una singular propuesta: que se vote el Presupuesto en cédula (en secreto). “De este modo, los inconformes de Morena podría ir en contra, sin temor a represalias”, nos dijo.

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No hay mucha esperanza de que se modifique el Decreto de Presupuesto que envió AMLO a la Cámara de Diputados.

A los morenos y sus aliados petistas no les importan las protestas del PRI, PAN, PRD, MC.

Ni siquiera que se esté gestando el surgimiento de un bloque opositor por la “intransigencia de la mayoría”, como dice el perredista Antonio Ortega.

Mucho menos que la UNAM haya publicado un desplegado en el que expresa su “preocupación y desacuerdo” por el recorte de más 6 por ciento de su presupuesto.

O que organizaciones ciudadanas convoquen para hoy una protesta fuera de San Lázaro por la reducción de la recursos para cultura (–7.2 por ciento).

Ya lo dijo Ramírez Cuéllar: “No nos vamos a mover un solo centímetro”.

El diputado de Morena de plano descalificó a la oposición. Lo mismito que hacían el PRI y el PAN con él.

“Muchas protestas son legítimas, pero éstas que vemos hoy tienen cara de ramo 23 (el de los moches)”, descalificó.

Y en eso que se suelta la gritería, el desorden, las descalificaciones, las pancartas. Muñoz Ledo presidía la sesión. Llamaba al orden una y otra vez. “Prosiga el orador…”, decía. Pero nada. Los decibeles aumentaban.

Urzúa apenas asomaba la cabeza en medio de las pancartas que se reclamaban más recursos para estados y municipios, para las mujeres, para la UNAM, para la ciencia y la cultura; o que pedían cárcel para los corruptos.

Nadie escuchaba a Porfirio. Ni los suyos, ni los opositores. Se desesperó y, sin más, decretó un receso, el más corto del que se tenga memoria. El presidente de la mesa directiva ya no volvió a presidir. Le cedió la batuta a su correligionaria, Dolores Padierna.

Al reanudar, Ramírez Cuellar no quitó el dedo del renglón:

“Cuando ustedes le apostaban al ramo 23, se sacrificaba la viabilidad y la planeación de las obras. Escondían la recaudación y traían a los gobernadores de rodillas, humillándose para recibir los favores del Ejecutivo”, aseveró.

“¡Titere! ¡Títere!”, reviraba la oposición.

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Carlos Urzúa dijo en tribuna que el Presupuesto 2019 “es todo, menos asistencial”.

Es cierto que los supuestos macroeconómicos son, en su mayoría, razonables. No hubo sorpresas significativas, prevaleció la prudencia. Los mercados no se sacudieron.

“Pero las presiones de gasto siguen siendo altas y los principales riesgos provendrán de sus supuestos de ingresos y la dificultad para cumplir los objetivos de austeridad”, dicen los expertos del Grupo Eurasia.

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El gobierno de López Obrador confirmó que será a través de una acción ejecutiva –y no en la Ley de Ingresos— que recortará al 20 por ciento el ISR y el IVA al 8 por ciento en la frontera.

La medida reducirá los ingresos del gobierno en 40 mil millones, según estimaciones oficiales. Pero otras privadas dicen que las pérdidas de ingresos podrían alcanzar los 100 mil millones de pesos o más.

“Si las estimaciones de Urzúa son erróneas, esto podría representar un importante déficit fiscal para el gobierno”, advierten los consultores de Eurasia.

FIN.