Por Eliott Valdez Montaño / Foto: El Vigía

Fingir, olvidar, o ignorar la realidad es un deporte muy común entre los políticos, de cualquier partido, ciudad, estado o país; nadie va a reconocer de primera mano situaciones en las que sus intenciones, perversas o no, queden en entredicho. Y quienes muestran lo contrario, son señalados como una rara especie dentro de la política.

Para ejemplos (de quienes fingen) se encuentra el candidato de Morena a la gubernatura, Jaime Bonilla, quien este miércoles presentó una impugnación a la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que a su vez revocó la resolución del tribunal local que decretaba que el gobernador (y lo digo así porque no hay candidatas) que sea electo el 2 de junio durará en el cargo 5 años.

En la impugnación, el candidato morenista señala, de manera muy general, que él solicitó su registro como aspirante a la gubernatura el 27 de marzo ante el Instituto Estatal Electoral; sin embargo, el Tribunal determinó ese mismo día regresar el período de la gubernatura a 2 años, por lo que desde su punto de vista, se vulneraban sus derechos políticos, debido a que el IEE no se pronunció ante la resolución del órgano judicial; en pocas palabras, él se inscribió para una gubernatura de 5 años y no de dos.

Resulta curiosa esta impugnación cuando a principios del mes pasado, el senador con licencia aseguró de manera muy parca y tajante que aumentar el período gubernamental de 2 a 5 años “no era su tema”; sin embargo, desde el momento en que se descubrió que dicha petición fue presentada por una abogada que se había inscrito al “proceso interno” para elegir candidato a gobernador por Morena, quedó evidente que si era tema de Bonilla.

¡Por favor! es de párvulos e inocentes creer que otra persona que no fuera Jaime Bonilla sería el candidato de Morena a la gubernatura, por supuesto que el asunto de los cinco años siempre fue su tema, solo que había que cuidar las formas. Ahora que se es candidato, queda en evidencia.