Temblorosos

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

Casi a las 8 de la tarde-noche, del martes 22 de junio de 1915, los residentes de Mexicali, sintieron una fuerte sacudida de la tierra. Como el movimiento duró sólo 11 segundos, una vez pasado el susto, mucha gente regresó a sus actividades normales, entre ellos, los parroquianos de la cantina “Café Bar El Owl” o “El Tecolote”, como lo conocemos en la actualidad.

Pero, menos de una hora después, otro sismo igual de intenso, terminó por dañar algunos edificios ya resentidos, entre ellos, el del Tecolote, el cual colapsó. De acuerdo al Southern California Earthquake Data Center, del Caltech, los temblores, originados en El Centro, California, tuvieron una magnitud de 6.1 y 6.3.

Existen versiones, entre ellas, la narrada por el geólogo Carl H. Beal, quien visitó Mexicali para analizar las consecuencias de los sismos, que apuntan el fallecimiento de 6 personas, específicamente en la cantina. Por cierto, a él le debemos la icónica foto, donde se observa la cantina derrumbada, y a cerca de 20 curiosos, algunos intentando ingresar a las ruinas.

La nota del Imperial Valley Press, correspondiente al miércoles 23 de junio, bajo el titular “Valley shaken by earthquake” (El Valle, sacudido por un terremoto), habla de pocos lesionados de gravedad en toda la región incluido Mexicali, sin detallar cantidad, así como el derrumbe de edificios, pero no menciona muertos.

Para ponerlo en perspectiva, el sismo del 4 de abril del 2010, de 7.2 grados, causó la muerte de dos personas, ambas relacionadas con estructuras caídas, nunca comparable al caso de Haití, en donde, el 12 de enero del mismo año, un terremoto similar, provocó 200 mil muertes.

Puede ser la suerte, la bendición de Dios, o quizá algo bien hecho como sociedad, el caso es que desde 1915 hasta la fecha, hemos tenido alrededor de 70 eventos de magnitud 5 o más (Atlas de riesgos del municipio de Mexicali), con daños mínimos, lo cual no es poca cosa, digo, tampoco es como para sentirnos orgullosos, porque seguramente podemos mejorar en muchas cosas.

Por ejemplo, ahora que andamos temblorosos, por la seguidilla de sismos, es la oportunidad para ajustar algunos actos relacionados con la prevención. En lugar de priorizar las mochilas de emergencia, sería mejor definir un plan de acción familiar, estableciendo formas de comunicación sin depender del celular e internet, también dejar claro cómo actuar si un temblor obliga a permanecer en un sitio, definir quién será el responsable de recoger a cada integrante.

Por experiencia, los cachanillas sabemos del valor de estar todos unidos en familia, procesando la ansiedad post terremoto, sin la preocupación de tener familiares desaparecidos.

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