Tres años

by linaresvillamild@gmail.com
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Victor Martínez Ceniceros

En enero del 2020, el mundo ya sabía del Covid, mas no mucho de su relativa peligrosidad, sin embargo, los chinos cachanillas, quienes habían viajado a su país a dar la bienvenida al año nuevo, estaban preocupados.

Como la incertidumbre tiende a debilitar las defensas emocionales, los poco abiertos chinos, comenzaron a platicar sobre su viaje, incluso de la sospecha de ser ellos, los introductores del virus a México, de su temor a ser buleados.

Por eso, antes del nacimiento de Susana Distancia, los padres de familia, decidieron dejar de enviar a sus hijos a la escuela comunitaria, ubicada en ese entonces, en el edificio de su Asociación.

Hoy, a 3 años del inicio del confinamiento pandémico, debemos saber que el riesgo de contagios proveniente de la vida silvestre (medio millón de distintos tipos de virus, según el globalviromeproject.org), sigue latente, sin que ello represente un motivo de alarma, sino una razón para trabajar.

El VIH apareció en África, por la manipulación de carne de chimpancé, a mediados del siglo XX. Se dispersó a causa de relaciones con prostitutas, se distribuyó en el continente, por medio del tren (“The early spread and epidemic ignition of HIV1…”, “Simian inmunodeficiency virus infection…”). Al continente americano arribó junto con los trabajadores haitianos provenientes de África, ahí en el país caribeño, proliferó el turismo homosexual, origen de la llegada del virus a los Estados Unidos, específicamente a Nueva York (“1970s and ‘patient 0’ HIV1 genomes…”) con el tiempo, supimos del Sida.

En el caso del Covid, no hay pruebas concluyentes para ligarlo a una especie animal y menos, saber cómo ocurrió el contagio. Al principio se habló de los murciélagos por ser éstos reservorios de los coronavirus, luego del pangolín, la semana pasada, del perro mapache. Curiosidad lingüística, la expresión latina murem caecum, significa ratón ciego, hace algunos años, la gente decía murciego, murciénago o murciégalo, luego, sin sentido gramatical, mutó en murciélago.

Sobre la propagación deliberada o accidental, de parte de China, tampoco hay evidencia, aunque sí, condiciones que alimentan el morbo. Entre la comunidad de expertos, a Shi Zhengli la conocen como batichica o la chica murciélago. porque lleva años investigando los virus, sumergiéndose en las cuevas y fue justo ella, la encargada de confirmar los primeros casos de Covid19 (“A pneumonia outbreak associated with a new coronavirus…” es el trabajo original), sin embargo, no existen coincidencias entre las secuencias genéticas del virus de los murciélagos, con el causante de la pandemia.

De continuar con la falta de regulación en el comercio de vida animal silvestre, la cría de pieles exóticas, el mercado de animales vivos, seguiremos teniendo problemas con lo que erróneamente, le decimos bichos. 

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