Por Francisco Garfias

El “milagro” se produjo. Se suspenden “indefinidamente” los aranceles del 5 por ciento a las importaciones, previstos para el lunes, a fin de obligar a las autoridades mexicanas detener los flujos migratorios de centroamericanos hacia EUA.

La noticia fue anunciada por el propio Trump. El presidente de Estados Unidos escribió, en su cuenta de Twitter, que el acuerdo se logró luego de que México aceptó tomar medidas “más enérgicas” para reducir o detener las famosas caravanas que buscan el sueño americano.

Si lo vemos desde la perspectiva de Estados Unidos, Trump amagó y le funcionó.

El acuerdo sobre migrantes centroamericanos que se firmó ayer en Washington es un adiós a la política de “brazos abiertos” que se proclamó al inicio de la 4a T, a juzgar por los dichos del canciller Marcelo Ebrard.

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No le vamos a regatear reconocimiento a AMLO, quien fue prudente y evitó “balandronadas” que pudieran poner en riesgo las difíciles negociaciones que se llevaron a cabo en Washington.

Tampoco al canciller Marcelo Ebrard, al que le lanzaron metralla en redes hasta por la selfie que se tomó antes de volar la capital de Estados Unidos. Cumplió con lo que llamó “La misión más difícil de mi vida”.

El acuerdo logrado con Estados Unidos le da un respiro al peso y relaja las presiones que hay sobre la ralentizada economía mexicana.

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Es válido preguntar, sin embargo, si las concesiones a Trump por parte de Mexico se mantuvieron dentro de los límites marcados por la propia embajadora de México en Estados Unidos, Marta Bárcena: la dignidad nacional.

El canciller dijo que el acuerdo contempla el despliegue de la Guardia Nacional en la Frontera Sur; y que los que migrantes que hayan cruzado la frontera para pedir asilo en Estados Unidos sean devueltos a México “sin demora”.

Va textual lo que dijo Marcelo:

“Quienes crucen la frontera sur de Estados Unidos para solicitar asilo serán retornados sin demora (México) donde podrán esperar las resoluciones de sus solicitudes.

“México, por razones humanitarias y en cumplimiento de sus obligaciones internacionales, autorizará la entrada de dichas personas mientras esperan la resolución de sus solicitudes de asilo”.

El acuerdo obliga a México a dar oportunidades laborales y de educación a migrantes, mientras esperan respuesta a las solicitudes de asilo.

¿Que tan lejos está eso de lo que llaman “Tercer País Seguro” que exigía el gobierno de Estados Unidos para bajar los aranceles?

¿Estamos en capacidad de otorgar oportunidades laborales a los centroamericanos cuando no podemos dárselas a gran número de mexicanos? Son preguntas, no se enfaden.

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El episodio nos mostró igualmente que AMLO no ha abandonado su condición de líder social, ni su estrategia de ocupar las calles para exigir o denunciar. Es un reflejo automático en él.

Hoy tendrá lugar en Tijuana “un acto de unidad y defensa de México”, convocado desde el jueves por AMLO para dar a conocer su postura sobre migrantes y aranceles. Seguramente se transformará en festejo.

No todos los convidados aceptaron la invitación del Presidente. La Suprema Corte la declinó. “No nos compete la política exterior”, dijo en un comunicado.

La Coparmex calificó de “ocioso” realizar un mitin para negociar aranceles.

Líderes de los partidos de oposición tampoco van. Ni PAN, ni PRI. Sí van gobernadores de distintos partidos, los “machuchones” de Morena, maestros de la SNTE y acarreados que se junten.

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A López Obrador, por cierto, le quieren abrir un frente desde la izquierda para hacer contrapeso al “pequeño autócrata”. En ese esfuerzo participan, entre otros, integrantes de la primera Cocopa: Jaime Martínez Veloz, Juan Guerra, César Chávez, Marco Michel, Oscar López Velarde…

FIN.