Por Eliott Valdez Montaño

Debo reconocer que el segundo debate entre los candidatos a la gubernatura mejoró en comparación con el primero: fue un encuentro más dinámico y con un formato no tan cuadrado como el que se llevó a cabo en Tijuana. Técnicamente hablando, un debate con mayor iluminación y en el que los candidatos tuvieron más posibilidades de desenvolvimiento, tanto en tiempo como en movilidad.

Sin embargo, aunque en el debate participaron cinco candidatos, los protagonistas fueron siete, y en este momento no considero a los moderadores, de quienes hablaré más adelante, sino que a los aspirantes presentes se le sumó el ausente Jaime Bonilla y el gobernador actual Francisco Vega de Lamadrid.

Y es que el candidato de Morena y sus aliados fue mencionado por prácticamente todos sus contrincantes (a excepción de Ignacio Anaya, del PBC, que no enfocó su tiempo en hablar de él) pero también el mandatario estatal estuvo en boca de los aspirantes, y el tema no era para menos, ya que uno de los tópicos que se abordaron en el encuentro fue la corrupción.

Y obviamente este tema fue la carga que los candidatos necesitaron para echarle la culpa a los ausentes: mientras que a Bonilla lo acusaban de contar con el apoyo de miembros del viejo PRI, como el exgobernador Xicoténcatl Leyva Mortera, del que dijeron fue uno de los más corruptos del estado; a Francisco Vega de Lamadrid lo señalaban por los negocios que presuntamente amasó durante su administración.

Incluso Enrique Acosta Fregoso, del PRI, indicó que Jaime Bonilla y Francisco Vega tenían intereses en la asociación público-privada con la cual se construye la planta desaladora de Rosarito, por lo que para el candidato tricolor ambos personajes “eran lo mismo”.

Héctor Osuna Jaime, de Movimiento Ciudadano, utilizó gran parte de su participación en cuestionar al gobernador Vega, pero desde el punto de vista político, ya que lo acusó de adueñarse del PAN, de elegir a los candidatos, y que por lo mismo el blanquiazul, del que Osuna formó parte, dejó de ser “el partido de la esperanza”.

Jaime Martínez Veloz, del PRD y Óscar Vega Marín, del PAN, enfocaron parte de su tiempo en señalar a Bonilla Valdez; mientras que el perredista se destinó en el tema de la ciudadanía estadounidense del morenista; mientras que el panista criticó la participación de priístas en la campaña del senador con licencia.

Mientras que Ignacio Anaya, del PBC planteó algunos señalamientos directos al gobernador, acusándolo de intervenir directamente en la elección; así mismo, de los cinco candidatos fue el que realizó algunos comentarios que causaron hilaridad en sus contrincantes, o por lo menos en Osuna Jaime, quien se miraba muy divertido con las ocurrencias del pebecista.

La moderación a cargo de Helga Casanova y Jorge Heras fue, desde mi punto de vista, muy adecuada, sin ánimo de protagonismos como en el anterior debate, no solamente coordinaron el orden y la logística del debate, sino también cuestionaron a los candidatos, con argumentos, sin interrupciones irrespetuosas y con preguntas precisas, algo que hizo falta en Tijuana.

Un buen ejercicio de interacción y participación; el Instituto Estatal Electoral hizo su parte al lograr un debate diferente, solamente quedará una última oportunidad el 20 de mayo en Ensenada, ojalá los candidatos la aprovechen y veamos y escuchemos las propuestas y que la discusión se dé entre los presentes, y no sobre los ausentes.